Informe de Antenas de telefonía celular

Noviembre 12, 2008

Fuente: www.catamarcaesnoticia.com.ar

www.youtube.com/noticiascen

Informe argentino hecho en la Provincia de Catamarca, sobre la incidencia en la población de las antenas de telecomunicaciones.

1ra parte del informe

2da parte del informe


Contaminación electromagnética en Argentina

Noviembre 12, 2008

Fuente: www.avaate.org

Fuente original: www.tiemposur.com.ar (La nota original ha sido suprimida en este sitio patagónico)

Contaminación electromagnética

Vecinos de populoso barrio en Río Gallegos piden el traslado de antena

• La antena se halla ubicada en la intersección de las calles Posadas y Ramón y Cajal. Imprime esta nota

El emplazamiento de una antena de telefonía móvil en cercanías de tres establecimientos educativos movilizó a los vecinos del sector. Elevaron una queja y solicitud de traslado de la potencial fuente de contaminación. Vecinos del Barrio Belgrano viejo, solicitaron mediante una nota dirigida al intendente Héctor Roquel, el traslado a una ubicación diferente de una antena de telefonía móvil – que se está emplazando en la intersección de las calles Posadas y Ramón y Cajal de esta capital – ya que representa una potencial fuente de contaminación con ondas electromagnéticas para los vecinos del sector. La misia indica: como vecinos del Barrio Belgrano Viejo, muchos de nosotros con más de 30 años de residencia en el sector por intermedio de la presente nos dirigimos a usted como máximo responsable de la salud pública y del urbanismo de esta ciudad para informarle que, nos hallamos sorprendidos con la construcción de una antena de telefonía móvil de 45 metros de altura en la intersección de las calles Posadas y Ramón y Cajal. Los efectos que podría tener sobre la población la instalación de este tipo de antenas pone en grave riesgo la salud de las personas que viven en los alrededores ya que afectaría a los vecinos y el alumnado de los establecimientos educativos cercanos al sector , EGB 41,EGB 58 y Jardín de Infantes 37. Por todo lo expuesto, sabiendo que usted se preocupa por mejorar la calidad de vida de los habitantes de Río Gallegos, solicitamos el traslado hacia un lugar menos poblado de dicha antena para de este modo proteger a los niños de las terribles consecuencias que trae la contaminación electromagnética. La sola duda de las posibles consecuencias hace que le solicitemos, con suma preocupación, el traslado de la antena de telefonía móvil.

El problema

El medio ambiente natural está trastocado desde la aparición de campos electromagnéticos artificiales. En los últimos tiempos se ha producido un espectacular aumento del fondo electromagnético, originado por líneas de transporte eléctrico, transformadores, antenas emisoras de telefonía, radio y televisión, radares, aparatos eléctricos, teléfonos móviles, teléfonos inalámbricos, electrodomésticos, etcétera, dando lugar a lo que podemos denominar: contaminación electromagnética. Los campos electromagnéticos son rara vez tenidos en cuenta como factores de contaminación en el área de la construcción, pese a las evidencias de sus efectos sobre la vida y, en especial, sobre la salud humana. Toda corriente eléctrica produce campos magnéticos y todo campo magnético variable induce campos eléctricos. Sin embargo, un campo magnético estático puede producir una corriente eléctrica en un cuerpo si éste se mueve a través del campo. De esa forma los campos magnéticos artificiales, mucho más intensos que los naturales, pueden alterar los procesos biológicos. La abundancia de artefactos eléctricos y aparatos electrónicos, así como los medios de transmisión de electricidad y radiofrecuencias, han hecho de nuestra civilización tecnológica un pandemónium de campos electromagnéticos de todo tipo. Los continuos avances tecnológicos hacen que la incidencia de este tipo de contaminación vaya en aumento. La tecnología genera campos electromagnéticos en todas las frecuencias e intensidades. Después de largas polémicas, investigaciones realizadas en todo el mundo han demostrado que las alteraciones biológicas debidas a la acción de campos electromagnéticos artificiales intensos, tanto de alta frecuencia (antenas de radio, TV, microondas, radar, etc.) como de baja frecuencia (líneas de alta tensión, pantallas de televisores y computadoras, transformadores, etc.) pueden producir cambios en la temperatura corporal, desequilibrio en los electrolitos de la sangre, dolor muscular en las articulaciones, dificultad en la percepción de los colores, fatiga, inapetencia, disfunciones en el sistema nervioso central, estrés, disminución de la cantidad de plaquetas en la sangre, etc.. Los campos electromagnéticos débiles como los generados por una instalación eléctrica de 220 V y 50 Hz, pueden provocar tensión nerviosa y alterar el equilibrio de grasas y colesterol en la sangre, aumentar la producción de cortisona y subir la presión sanguínea, lo que puede desembocar en trastornos cardíacos, renales, gastrointestinales, nerviosos y otros.

Las pruebas

Diversas investigaciones indican un aumento de las tasas de mortalidad por leucemia en profesionales relacionados con el trabajo en campos electromagnéticos y en niños que habitan casas cercanas a tendidos de alta tensión. El gobierno de Suecia, basándose en las investigaciones de Lenmart Tomenius, ha reconocido en su legislación la incidencia de los campos electromagnéticos generados por las líneas de alta tensión en la estadística de los casos de leucemia infantil. En 1974, a raíz de las investigaciones de V. P. Korobkova, la Unión Soviética dicta una ley según la cual las líneas de alta tensión que generen campos de m s de 25 Kv/m deben situarse a una distancia mínima de 110 metros de cada edificación. En Alemania, el ingeniero Egon Eckert probó que la mayoría de los casos de muerte súbita de lactantes se produce en la cercanía de vías electrificadas, emisoras de radio, radar o líneas de alta tensión. En 1979 la epidemióloga estadounidense Nancy Whertheimer provocó un escándalo al evidenciar estadísticamente que la mayoría de los hogares puestos a-de Denver donde residían niños afectados de cáncer estaban ex fuertes campos electromagnéticos provenientes de los transformadores y líneas primarias del tendido eléctrico callejero. También se ha detectado una mayor incidencia de nacimientos de niños con malformaciones en hijos de trabajadores en unidades de conmutación dos al-eléctrica, así como abortos y alteraciones de la gestación liga uso de mantas eléctricas y computadoras. mostrado que los cables-La Universidad de Heidelberg, Alemania, ha de eléctricos de 220 voltios y 50 Hz instalados en viviendas generan campos que elevan la presión parcial de oxígeno en la sangre, así como los valores del hematocrito. Teniendo en cuenta que la actividad eléctrica cerebral del ser humano manifiesta una periodicidad que va de 14 a 50 Hz en el estado de conciencia de vigilia y entre 8 y 14 si se está relajado, se deduce que un campo externo de 50 Hz como el de la red eléctrica común puede inducir estados de nerviosidad o como se le ha dado en llamar “electroestrés”. En Argentina, un trabajo de investigación exhaustivo en este campo ha sido llevado a cabo por el CONICET. En un informe publicado por el Centro de Divulgación Científica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica, el Prof. Adolfo Portela (autor de un manual del Ministerio de Salud y Acción Social sobre las normas vigentes en cuanto a frecuencias) declara que la zona de mayor riesgo en-exposición a radio el rango de radiofrecuencias est entre los 30 y los 300 megahertz, la m s utilizada en enlaces de telecomunicación de corta distancia, las emisoras de TV y FM y la telefonía celular. La exposición severa a estas radiaciones afecta principalmente la vista, el sistema nervioso central, el hígado y las glándulas de secreción interna. Actualmente se pretende bajar la potencia de estas emisiones aumentando la sensibilidad de las antenas. La instalación de la mencionada antena fue autorizada por la comisión de usos y funciones del Honorable Concejo Deliberante de esta capital. Según se nos informó desde el cuerpo deliberativo, la instalación de la antena no afectaría la integridad de las personas, toda vez que la comisión de usos ha respetado las normas en vigencia.


Los peligros de las antenas y de las líneas eléctricas

Noviembre 12, 2008

RENACE (Red Nacional de Acción Ecologista www.renace.net)

Fuente: www.adital.org.br

Los medios de comunicación se han hecho eco de las discusiones habidas, especialmente en centros educativos, sobre los riesgos de electro polución al tener en las proximidades antenas de telefonía móvil. Las autoridades ambientales se limitan a indicar que estas radiaciones no superan los limites legales establecidos.
Las autoridades locales clausuran las antenas por incumplimiento de normas urbanísticas. La duda persiste de si estas radiaciones son, o no, la causa de los problemas de salud que se les achacan.

Las líneas eléctricas generan campos electromagnéticos.

En este mismo sentido, ya hay varias sentencias judiciales que aceptan la existencia de riesgos hacia la salud.
La civilización actual es generadora de una amplia gama de campos electromagnéticos, que van desde los de alta frecuencia como antenas de radio y televisión, radar, microondas, telefonía celular, hasta los de muy baja frecuencia como las líneas de alta tensión, pantallas de ordenadores, redes eléctricas, etc.
Gran parte de las actividades de muchas personas suelen desarrollarse en ámbitos donde los electrodomésticos y los aparatos eléctricos abundan, permaneciendo gran parte del día bajo la influencia de innumerables campos de radiación de este tipo. Ocurre, entonces, que la sociedad vive rodeada de campos magnéticos. Durante los últimos treinta años la densidad electromagnética del ambiente se ha multiplicado generando un nuevo tipo de polución, intangible e inmaterial, denominada “contaminación electromagnética”. La acumulación de estas emisiones genera un fenómeno que se ha dado en llamar “electrosmog”.
Algunos investigadores afirman que por arriba de un determinado umbral y por efecto acumulativo, las radiaciones pueden desencadenar enfermedades auto inmunes, alergias, fatiga crónica, anemias, trastornos del sistema nervioso y hasta distintos tipos de cáncer.
Hemos de aceptar que el público no especializado sabe aun muy poco de estos temas y que no asumimos como riesgo acciones tan habituales como llamar por teléfono, trabajar delante de una pantalla de ordenador o ver la televisión.
La electro polución es una “asignatura pendiente ” y una “nueva frontera” en la elevación de los estándares de calidad ambiental y de nivel de vida de los ciudadanos.
Los campos electromagnéticos son producidos por ondas de frecuencias muy bajas, 50 a 60 hertzios, y se producen en todos los aparatos y conducciones eléctricas. Desde hace mas de 25 años se ha relacionado a estas ondas con la leucemia infantil.
Los riegos hacia la salud que se supone afectados por la electropolución se concentran en cáncer de cerebro, leucemia, cáncer de mama, cáncer de testículos y patologías neurológicas.
Los posibles efectos que aportan contaminación son aun poco valorados por los ciudadanos, en general porque son temas sutiles, con los que hemos estado habituados a vivir, sin saber nunca si ellos son o no causa de algunos de nuestros males.
Cuando las radiaciones son intensas, como las utilizadas en la medicina, centrales nucleares, radiografía, etc., al ser colectivos concretos, la normativa ha evolucionado, se aplica y consigue un control adecuado de esos profesionales; pero cuando sus efectos son más dispersos es cuando nos encontramos con grandes

La exposición a campos magnéticos es constante en nuestras actividades.

Vacíos en la protección ambiental

Muchos son los estudios de tipo científico que se han hecho, y se continúan haciendo, para aumentar nuestro conocimientos sobre estos fenómenos, en diversas poblaciones, en diversos ambientes y para diversas fuentes de radiación. Aunque en algunos de estos estudios se han detectado aumentos en el riego de cáncer, son resultados estadísticamente poco consistentes, y muy afectados por otras variables. Técnicamente hablando, es difícil y arriesgado achacar a la electro polución estos riesgos. Nos es difícil apreciar los niveles de riesgo en la “electro polución”. Su conocimiento precisa de expertos muy especializados y sus efectos afectan de forma diferenciada a niños, mujeres embarazadas, ancianos o personas adultas. La intensidad de los campos electromagnéticos, el tiempo de permanencia en su campo de influencia, la extensión de este área, son parámetros variables que hacen mucho más difícil, definir parámetros sencillos de riesgo, que son los que el publico en general asimila.
A pesar de que durante las últimas décadas se han realizado numerosos estudios e investigaciones en todo el mundo, los efectos provocados por las radiaciones no ionizantes se encuentran todavía en el campo de la discusión científica, en la que algunos denuncian riesgos y efectos en el ser humano y otros los contradicen, quedando en duda aún cuál es la dimensión real del fenómeno y el verdadero alcance de los efectos de este tipo de radiaciones en el ser humano.
Situaciones como estas hacen que haya colectivos a los que no les importe este riesgo, porque ni lo comprenden ni lo conocen, y otros que se muestran extremadamente interesados por el tema y que, por lo general magnifican los riesgos reales, Es una situación que va cambiando poco

La televisión emite radiaciones en cantidad importante.

Si nos centramos en los riegos hacia la leucemia infantil, existen importantes trabajos científicos. Su conclusión hacia los riegos son variables. Unos concluyen con que los resultados son estadísticamente poco significativos, otros no llegan a asociar la probabilidad de desarrollar la enfermedad con niveles bajos de radiación, pero todos ellos aprecian, para altos niveles de radiación, una correlación entre la exposición y el riesgo. Esta conclusión no es aplicable a bajos niveles de radiación que son a los están sometidos las poblaciones, en general. Según estos estudios solo un 1% de la población, y casi siempre en el ámbito laboral, pueden estar expuesto a estos niveles altos de radiación.
La inquietud de no disponer de resultados definitivos acerca de estos riegos aumenta con las consecuencia de un cierto caos en la normativa sobre estos riegos, y nos encontramos con valoraciones sumamente distintas entre países, lo que hace que los que los estándares sean, para uno los del país y para otros los mas rígidos en vigoren cualquier otro país, llevando a niveles de desorden y alarma difícilmente consensuables. Lo que está claro que la electro polución existe, que esta suficientemente conocida como para evaluar sus riesgos con alto grado de precisión y que estos riesgos, posiblemente en un grado muy bajo, existen y pueden llegar a tener consecuencias en la salud y en el medio ambiente.

Legislar y controlar son base del futuro.

En ocasiones nos decimos que cada vez somos más propensos a ciertas enfermedades, que antes no nos salían tantas manchas en el cuerpo, que nos acatarrábamos menos, que la raza era mas “fuerte”. En realidad nuestro progreso lleva alrededor un sinfín de cambios, pequeños en muchos casos, pero que la naturaleza percibe y que nos afectan en mayor o menor grado. Perfeccionar el conocimiento de todos estos fenómenos, establecer la legislación adecuada y lógica para evitar estos riegos, exigir su cumplimiento y tomar las medidas de protección necesarias son las vías de actuación frente a estos nuevos peligros.
Está claro que una línea de alta tensión emite campos electromagnéticos perjudiciales para la salud. El alejamiento de estas líneas de viviendas o actividades permanentes es lógico. El legislar sobre ello, y el verificar nuestras normas es una obligación social. Cuanto, cuando y como es lo que hay que precisar, y todo ello dentro de un nivel de prudencia y seguridad que anteponga la salud a las limitaciones técnicas de las instalaciones. Este punto es también conflictivo ya que la seguridad plena es muy difícil de determinar, y establecer limites excesivos no aporta mas seguridad, solo mas problemas y más costos.
Si analizamos fríamente los niveles de potencia emitidos tanto por los sistemas irradiantes, habitualmente ubicados por lo general a distancias respetables de los lugares de permanencia de la población y por otra parte a los teléfonos móviles con sus antenas incorporadas pero a pocos centímetros del cuerpo humano, todos éstos emiten con potencias mucho más bajas, en casi dos ordenes de magnitud, que por ejemplo las transmisoras de FM y las emisoras radiales convencionales.
Como ejemplo, algunos valores promedio, medidos a una distancia de 10 a 15 metros de una celda de 800 MHz, van de 0,001 a 0,005 mW/cm2. Si estos valores se comparan con los límites de exposición poblacional, supuesta una frecuencia de 2.000 MHz, a esa frecuencia de 0,4 mW/cm2, fijados por las normas actualmente

Aún hay grandes lagunas en la investigación de las radiaciones vigentes en nuestro país, observaremos que la exposición a la población debida a las emisiones de sistemas celulares es realmente muy baja.

Hoy por hoy, en relación a los riegos de leucemia, linfomas, cáncer de cerebro y cáncer de mama, motivados por las antenas de telefonía, parabólicas y similares, no ha sido comprobada. Todos estos estudios no llegan a conclusiones definitivas, en especial por la dificultad metodológica en su ejecución, pero evidencian de forma indirecta la posibilidad de riesgos en la telefonía móvil, antenas e instalaciones similares.

El legislador, que no entiende nada de electromagnetismo, debe apoyar su decisión en labores técnicas y de investigación y es en este mundo donde debe haber el suficiente juicio y conocimiento para llegar a los puntos razonables. Esta función no es nada fácil ya que sino no ocurriría que ciertos países aceptan limites de contaminación electromagnética diez veces superior a otros, miles en algunos casos, sin incluir en este comentario a la infinidad del área mundial donde este problema “no existe”. No debe extrañarnos esto ya que en España este riego se empieza a considerar ahora, a pesar de que hay conocimientos suficientes de el desde hace dos décadas.
Hay riesgo potencial para la salud humana en la electro polución y la legislación actual podemos catalogarla como de “tentativa y provisional”, en espera de un mayor conocimiento científico de estos temas.
La sensibilización del ciudadano y de las organizaciones cívicas, son el cauce para hacer ver, cada vez con mas conocimiento y objetividad, la necesidad de disponer de unas normas de actuación claras y sencillas para actuar en esta “nueva frontera” de la contaminación ambiental.

MAS DE 300 VECINOS DICEN “NO” A ANTENA DE TELEFONÍA CELULAR.

El Municipio de esta hermosa localidad serrana pretende instalar una antena de telefonía celular de Claro (ex-CTI) en la torre del Centro de Convenciones, sede de la Fiesta Nacional de la Cerveza.

Durante un encuentro sobre los efectos nocivos de las antenas, expertos de Buenos Aires, Bahía Blanca y Córdoba consideraron que la antena “no debería ser instalada en ese lugar”.

Los especialistas sostuvieron que la normativa vigente en Argentina “no protege la salud de las personas sino los intereses económicos de las empresas de telefonía celular”, y que ignora “los efectos sanitarios y ambientales de las bajas dosis de la radiación que emiten las antenas y los teléfonos celulares”. Los expertos coincidieron en señalar que existen “alternativas tecnológicas de menor riesgo para que la telefonía celular pueda seguir utilizándose”.

Córdoba (Argentina), 10 de julio de 2008. Más de 300 personas le dijeron un rotundo “no” a la instalación de una antena de telefonía celular en Villa General Belgrano. Sus voces se hicieron escuchar durante las “Primeras Jornadas sobre Electropolución” que organizaron los Vecinos Autoconvocados de esa hermosa localidad serrana.

El Municipio de Villa General Belgrano pretende instalar una antena en el pintoresco edificio del Centro de Convenciones, donde tienen su epicentro las fiestas Nacionales de la Cerveza, del Chocolate y de la Masa Vienesa, tres acontecimientos que convocan a miles de turistas de todo el país y el extranjero. Curiosamente las jornadas se concretaron en el lugar mismo de la polémica, el Centro de Convenciones de la villa.

Durante el encuentro, dedicado a analizar los efectos nocivos de las antenas y las limitaciones de la legislación que las regula, disertaron el Ing. Néstor Mata, profesor de la Universidad Nacional de Bahía Blanca; el Dr. Mario Capparelli, presidente de la ONG Adecavi; el Dr. Raúl Montenegro, profesor de la Universidad Nacional de Córdoba y premio Nóbel Alternativo 2004, y la Dra. María Belén Aliciardi, Jueza de Faltas de Villa Ascasubi.

Los especialistas coincidieron en señalar que la norma vigente en Argentina sobre exposición a radiación no ionizante, la Resolución 202/1995 del Ministerio de Salud -en base a la cual se instalaron miles de antenas en el país- “no protege la salud de las personas sino los intereses económicos de las empresas” y que esa norma “ignora los efectos sanitarios y ambientales de las bajas dosis de radiación que emiten las antenas y los teléfonos celulares”. Subrayaron que las antenas de radiofrecuencias y microondas “producen efectos térmicos y no térmicos sobre la salud de las personas” pero que la normativa vigente “solo tuvo en cuenta algunos de los efectos térmicos”.

El Dr. Raúl Montenegro sostuvo que la radiación no ionizante emitida por las antenas y teléfonos celulares “se agrega a otros contaminantes energéticos y sustancias químicas presentes en el ambiente y el organismo de las personas” y que este cóctel tóxico “no está considerado en la legislación vigente”. Recordó que un importante número de trabajos científicos “hallaron que las radiofrecuencias y microondas emitidas por las antenas tienen efectos negativos sobre las células y los tejidos, sobre el sistema inmune, sobre el sistema nervioso y sobre la barrera hematoencefálica que protege al cerebro. Hasta se detectaron efectos sobre plantas verdes”. Consideró que “los costos de la mala legislación y los peores controles terminan siendo pagados con la salud de los vecinos, lo que es inaceptable”.

El Dr. Mario Capparelli, presidente de la ONG Adecavi, expresó que “todos los funcionarios que por acción u omisión permitan actos que afecten la salud de los vecinos responderán con sus propios bienes”. Agregó que estos actos “son imprescriptibles” y que los vecinos “tienen las herramientas legales para poder reclamar”. Indicó además que la mayoría de las antenas instaladas en Argentina “violan muchas normas que rigen para la telefonía celular en las distintas provincias y municipios”, y que “de las 22.000 antenas instaladas en nuestro país solamente 2.000 cumplen la normativa vigente”.

El Ing. Néstor Mata indicó que “los máximos legales establecidos en Argentina para la radiación no ionizante están totalmente desactualizados”. Sostuvo que “además de permitir valores excesivamente altos las mediciones se realizan usualmente mal”. Durante la reunión los expertos mostraron cómo en otros países “los valores permitidos son notablemente más bajos que los vigentes en Argentina”.

El Ing. Néstor Mata agregó que existen “alternativas tecnológicas de menor riesgo para que la telefonía celular siga utilizándose. En primer lugar se deben cambiar los actuales transmisores por equipos trans-receptores para telefonía celular, que son de tamaño reducido. Estos deberían ser colocados uno por cuadra conectados a líneas con pérdidas para producir un campo de irradiación bajo en toda la zona de influencia. En segundo lugar, en lugar de torres con antenas debería usarse un cable coaxial construido especialmente para que irradie con bajo nivel de densidad de potencia”. Mata agregó que el costo estimativo de una instalación utilizando este tipo de configuración “es solo del orden de un 20% más cara que la instalación utilizando torres para una misma cobertura”.

La Dra. Belén Aliciardi recordó que “las compañías internacionales de seguros como : Lloyds, Sterling, Swiss, Re y Allianz excluyen en sus contratos los riesgos derivados de las radiaciones electromagnéticas. Si las radiaciones descargadas por las antenas fueran inocuas ¿porqué las excluyen?. Es un dato para pensar”.

Los vecinos de Villa General Belgrano que asistieron a las jornadas lamentaron que autoridades municipales, entre ellas el intendente municipal, Fabian Hoss, y el presidente del Consejo Deliberante, Javier Frascaroli, se retiraran antes de que concluyeran las disertaciones y el debate final. Irónicamente, las Primeras Jornadas de Electropolución habían sido declaradas “de interés municipal”. Al término del encuentro, al que asistieron más de 300 personas, una de las vecinas de Villa General Belgrano pidió la palabra y expresó “después de todo lo que escuchamos hoy ¿qué mas le hace falta a la Municipalidad de Villa General Belgrano para decirle no a la antena que quiere instalarse en el edificio principal de la villa?”. Tras su reflexión se escuchó un estruendoso aplauso y gritos que condenaban la instalación de la antena.

También asistieron a las jornadas vecinos de otros lugares de la provincia de Córdoba, de la ciudad capital, de Santa Rosa, Río Tercero, Villa Ascasubi, Río Cuarto, San Alberto, Berrotarán y Almafuerte.

Las Primeras Jornadas sobre Electropolución fueron organizadas por los Vecinos Autoconvocados de Villa General Belgrano, y avaladas -entre otras instituciones- por Ides Rio Tercero, la Asociación Regional de Jueces, Secretarios y Empleados de la Justicia de Faltas, el departamento de Derecho Ambiental de la Asociación Argentina de Derecho Administrativo (AADA), el Colegio de Abogados de Río Tercero, Ambere (Asesoramiento Jurídico Ambiental), y la ONG Adecavi.

Las jornadas fueron declaradas de interés municipal por el Concejo Deliberante de Villa General Belgrano, de interés provincial por la Legislatura de Córdoba (proyecto del legislador Juan Bruge), y de interés por el Defensor del Pueblo de la Nación, Dr. Eduardo Mondino.

Para mayor información contactar a:

Dra. Maria Belén Aliciardi (coordinadora del encuentro)
Teléfonos: 0351-155437749
E-mail: aliciardimbelen@hotmail.com

Dr. Raúl A. Montenegro
Teléfonos: 03543-422236 y 0351-155 125 637
E-mail: raulmontenegro@flash.com.ar
Skype: raulmontenegro.ar

FUNAM
Fundación para la defensa del ambiente
funam@funam.org.ar
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En Bahía Blanca existen antenas de telefonía celular a metros de centros para enfermos de cáncer

Noviembre 12, 2008

Las dos antenas (de CTI y Movistar en este caso) se ubican a menos de 100 metros de distancia de la misma Sociedad de Fomento barrial (que dispone de salas médicas), de la Asociación Ayuda-Le (un centro de salud para enfermos con leucemia y cáncer), y de un predio de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer, en el que se prevé construir casas para enfermos.

Las denuncias fueron realizadas por la Sociedad de Fomento del barrio Villa Amaducci, de Bahía Blanca, con el apoyo de la Red de Abogados Voluntarios de Poder Ciudadano. Polémica porque la Provincia dejó sin efecto una resolución que los amparaba, lo cual consideran inconstitucional.

Dos antenas de telefonía celular avanzan, amenazantes, sobre los pobladores del barrio Villa Amaducci, de Bahía Blanca. Mientras tanto, la denuncia de los vecinos deambula por los tribunales de la provincia de Buenos Aires. En el medio, la normativa que los amparaba y les daba la razón es modificada por la Secretaría de Política Ambiental provincial. Pero los reclamos siguen, avalados por principios constitucionales.

La demanda fue realizada a fines del año pasado por la Sociedad de Fomento barrial, con el asesoramiento jurídico de la Red de Abogados Voluntarios de la Fundación Poder Ciudadano. Y se basó en la resolución 900/05 de la Secretaría de Política Ambiental, que prohibía “la radicación de instalaciones generadoras de campos electromagnéticos en el rango de frecuencias mayor a 300 KHZ en un radio menor o igual a 100 metros de los siguientes lugares: espacios verdes públicos, lugares históricos, hospitales, centros de salud, institutos de diagnóstico y/o tratamiento, clubes deportivos, jardines de infantes, escuelas, colegios, universidades, geriátricos, estaciones de servicio de combustibles y/o depósito de combustibles, playas de maniobras de camiones transportadores de combustibles o sustancias explosivas, depósitos de explosivos”.

En efecto, las dos antenas (de CTI y Movistar en este caso) se ubican a menos de 100 metros de distancia de la misma Sociedad de Fomento barrial (que dispone de salas médicas), de la Asociación Ayuda-Le (un centro de salud para enfermos con leucemia y cáncer), y de un predio de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer, en el que se prevé construir casas para enfermos. También están cerca el Pequeño Cottolengo José Nascimbeni, un surgente de agua potable y la plaza Capitán Luciano Guadagnini, donde se desarrollan actividades para los niños que juegan allí diariamente. Y, si alguna enfermedad tiene contraindicada la acción de las antenas emisoras-receptoras de microondas es, precisamente, el cáncer, y específicamente la leucemia.

Pero algo se interpuso en la demanda. En febrero de este año, la Secretaría de Política Ambiental provincial dejó sin efecto la resolución en la que se basa la denuncia, a través de otra resolución: la 144/07.

La demanda de la Sociedad de Fomento interpone una acción de Protección y Reparación Ambiental contra las empresas mencionadas, pero también contra la Municipalidad de Bahía Blanca y la Secretaría de Política ambiental de la provincia de Buenos Aires, con el fin de obtener el desmantelamiento y el retiro de las antenas. Sucede que antes de realizar la demanda, la Sociedad de Fomento barrial realizó múltiples reclamos ante el municipio de Bahía Blanca, que respondió, en mayo de 2006, que iba a elevar el informe a la Secretaría de Política Ambiental. Y lo hizo, en agosto de ese mismo año, sin obtener respuesta alguna.

La demanda, entonces, fue interpuesta ante el Juzgado Contencioso Administrativo Nº 1 de Bahía Blanca, que entendió, luego de anulada la resolución en la que se basaba el reclamo, que no estaba científicamente comprobado que las radiaciones afectaran la salud de las personas. “El Juez dicta resolución aplicando los clásicos principios de las medidas cautelares y, olvidando el principio precautorio, declara que es prematura una resolución de cese de las actividades causantes del daño al ambiente y a la salud. Para desestimarla, el juez ha tenido presente la resolución 144/07, que dejó sin efecto las pautas de la 900/5”, explicó Manuel Sáez, abogado de la Red de Abogados Voluntarios de Poder Ciudadano que patrocinó la demanda.

Sin embargo, la demanda también se basa en principios constitucionales, tanto de la Constitución provincial como de la nacional. “No obstante, no hay que olvidar que aún cuando no existiese la resolución 900/05, siendo peligrosas dichas instalaciones, accionamos para que se decrete el cese definitivo de la irradiación en los términos de los artículos 41 de la Constitución Nacional y 28 de la Constitución Provincial, ambos ‘vigentes’ y aplicables en autos”, establece el texto de la demanda. Por esa razón, Sáez destaca que ahora siguen en la búsqueda de declarar inconstitucional la resolución 144/07. Ambos artículos constitucionales se refieren, precisamente, al derecho a un ambiente sano apto para el desarrollo humano.

Según consta en la demanda, sólo en los últimos dos años, en un radio de 150 metros alrededor de las antenas, “se registraron tres casos de personas jóvenes sanas que enfermaron de cáncer y hoy están todas fallecidas”. Y agrega que “también se pueden apreciar árboles secos en ese lugar”.

Y destaca que las antenas ubicadas sobre las torres (una torre autosoportada de 60 metros y otra torre autosoportada de 35 metros) “se caracterizan por la emisión de radiaciones electromagnéticas no ionizantes que son causantes de diversos males para la salud y el medio ambiente”. Así, denuncia que “la exposición a distancias cortas de estos artefactos produce el calentamiento de los tejidos humanos y es toxicogénico, por eso se encuentra absolutamente prohibida la exposición de las personas a su irradiación incluso en los países más avanzados”. Sáez agrega: “La resolución 900/05 representaba un avance de la provincia en materia de radiación de microondas, existente ya en Estados Unidos y en Europa. Y de repente retrocede y vuelve al estado anterior”. www.ecoportal.net


Agencia Comunas
www.agenciacomunas.com.ar


¿ES PELIGROSA LA TECNOLOGÍA WI-FI?

Septiembre 26, 2008

Fuente: dsalud.com/

El presidente de la Agencia de Protección Sanitaria de Gran Bretaña, William Stewart, advirtió recientemente sobre la necesidad de ser precavidos ante los posibles efectos sobre la salud de la tecnología Wi-Fi. Y es que los expertos afirman que los efectos a largo plazo de la tecnología no han sido suficientemente investigados resaltando en particular los posibles riesgos para la salud de los niños que asisten a escuelas con redes inalámbricas. Algunos centros educativos comienzan a tomar medidas. En Gran Bretaña muchos padres están exigiendo la retirada de las redes Wi-Fi y en Canadá el rector de la Universidad de Lakehead en Ontario ha decidido aplicar el Principio de Precaución en beneficio de sus alumnos y retirarlas garantizando al mismo tiempo el acceso a la Red mediante fibra óptica. La polémica crece.

En ocasiones no ser el primero tiene sus ventajas. Eso sí, cuando uno quiere aprovecharlas. España está aún muy lejos de incorporarse al mundo Wi-Fi pero en lugar de ser una desventaja ello debería servirnos para ponernos al día del debate que en otras partes del mundo se está ya produciendo sobre la implantación de esta nueva tecnología.
La tecnología inalámbrica Wi-Fi permite a cualquiera conectarse a Internet o interactuar con otros dispositivos electrónicos desde cualquier punto de una ciudad, un campus universitario, una escuela, un restaurante, un aeropuerto, una cafetería o unos grandes almacenes sin cables ni enchufes. Cualquier usuario puede conectarse con Internet vía ordenador personal cuando está en el radio de acción de un Punto de Acceso (AP). Una región cubierta por uno o más APs se llama hotspot. Los hotspots pueden abarcar desde una sola habitación a muchos metros cuadrados de hotspots solapados. El secreto está -como en el caso de la telefonía móvil- en las ondas electromagnéticas que, rebotando por el área escogida, acaban conformando una red en la que todos -nunca mejor dicho- quedamos atrapados.
Se nos vende que podremos pararnos en cualquier lugar cubierto por la red Wi-Fi, sacar nuestro ordenador, colocarlo sobre una mesa o nuestras propias rodillas y conectarnos con el mundo. ¡Qué maravilla! ¡Un futuro irrenunciable! ¡Paleto el último en subirse a este tren! Ya han conseguido hacer inseparable el binomio niño-móvil. El siguiente paso, cerrar la red Wi-Fi.
No se nos dice, en cambio, que a diferencia de un bar donde uno, a la vista del humo flotando en el local, puede elegir estar o no estar, en el entorno Wi-Fi que preparan para nosotros la contaminación electromagnética es constante e invisible. Y hombre, un ratito de Wi-Fi podría soportarse pero permanecer horas y horas en el puesto de trabajo en un área Wi-Fi o todo el día en un colegio o universidad wifeados (permítasenos el neologismo) y salir a la calle y seguir dentro de un área Wi-Fi porque nuestro alcalde ha decidido ser moderno para entrar después en un gran almacén también wifeado, o en una cafetería o restaurante que comparten el gusto por la tecnología más avanzada no parece muy saludable. Y sin soltar el móvil, acabar llegando a nuestra casa, cercana a una antena de telefonía o quién sabe si de un transformador para, antes de irnos a dormir, calentarnos la cena en el horno microondas. Como las ranas que, sumergidas en agua a temperatura normal olvidan su instinto de supervivencia y permanecen dentro a pesar de que el agua que las rodea vaya calentándose hasta matarlas, todos nosotros podemos acabar sumergidos en un mar de ondas electromagnéticas de consecuencias nefastas para nuestra salud. Eso sí mientras nos cocemos seguiremos pensando en lo modernos que somos.
Como llegados a este punto de la controversia sobre los campos electromagnéticos y sus efectos siempre nos cuentan lo mismo comencemos por resumir la opinión dominante: “No hay suficientes evidencias científicas para asegurar que son dañinos”, “Cualquiera puede especular sobre cualquier cosa que desee pero no hay un cuerpo de evidencias científicas que apoye los daños a la salud”, “Podemos decir que, basándonos en lo que sabemos, no hay razón para la alarma”, “Wi-Fi es una técnica que usa ondas de radio de intensidad muy reducida. Mientras que es similar en longitud de onda a la radiación doméstica del microondas la intensidad de la radiación Wi-Fi es 100.000 veces menor que la de un horno de microondas doméstico”, “Algunos sospechan una interacción no-termal pero no hay evidencia que sugiera que exista”, “Los rangos de contaminación electromagnética son inferiores a los recogidos por la legislación”. Dicho queda. Es la opinión alentada por la mayoría de los medios de comunicación encantados de presentar cualquier innovación tecnológica como inocua.
Y, sin embargo, no es cierto. Además lo mismo oímos durante décadas del tabaco, primera causa de cáncer a nivel mundial. Todavía recordamos cuando lo moderno era fumar como Bogart en Casablanca. De hecho, nuestros hijos siguen pensando que es el camino más recto a la edad adulta. Y lo mismo podríamos decir del amianto -que provoca una muerte horrible años después de estar expuestos a él-, de algunos pesticidas -como el DDT, presente en nuestra sangre aún hoy a pesar de su prohibición-, de numerosos medicamentos -como el Vioox, retirado del mercado por producir cientos de miles de muertes tras asegurarnos sus bondades a bombo y platillo-… Los argumentos en defensa de los campos electromagnéticos (CEMs) no son pues nuevos y casi siempre esconden la defensa de un negocio capaz de ocultar un riesgo innecesario tras el marketing de la modernidad con la única intención de aumentar los beneficios.
Está toda la mentira hilvanada con un hilo tan fino que cuando hace unos meses William Stewart -presidente de la Agencia de Protección Sanitaria del Reino Unido y ex consejero de varios gobiernos británicos en temas de salud- apareció en el programa Panorama de la BBC y en el diario The Independent invitando simplemente a una revisión de los posibles efectos de la tecnología Wi-Fi antes de seguir implantándola de manera masiva la costura saltó y su mensaje resonó en todo el mundo. Stewart, que encabezó un estudio en el 2002 en el que ya llamaba a la prudencia en el uso de los móviles -sobre todo en el caso de los niños- estaba poniendo rostro y voz a una numerosa corriente de científicos que se niegan a ser silenciados. Y no son los únicos.

PADRES EN PIE DE GUERRA
Las palabras de Sir William Stewart no han hecho sino reflejar una preocupación creciente en los últimos meses en Gran Bretaña sobre la implantación de áreas Wi-Fi. Allí casi un 50% de las escuelas primarias y un 70% de las secundarias tienen ya instalada esa tecnología. Así que el programa Panorama no hizo sino poner el dedo en la llaga.
Panorama habló con el profesor Olle Johansson -del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia)- quien afirmó que ya hay contrastados numerosos efectos registrados a niveles bajos de radiación electromagnética. Otro de los invitados al programa, el profesor Henry Lai -de la Universidad de Washington (EEUU)- afirmó también que ya han sido hallados efectos sobre la salud provocados por niveles de radiación similares a los de la tecnología Wi-Fi. “Debe haber al menos -dijo- unos tres mil estudios llevados a cabo durante los pasados 20 años sobre estos efectos. Y, hasta ahora, el 50% de ellos encontró algún efecto perjudicial y el 50% no encontró ninguno”. Pero cuando se le preguntó si permitiría que sus hijos se sentaran ante un ordenador inalámbrico durante toda su vida escolar fue claro: “No lo creo. Limitaría su exposición a ese tipo de radiación porque más vale ser precavidos”. ¡El sí que sabe!
De hecho, la Asociación Profesional de Profesores -que cuenta con 35.000 miembros- ha escrito al Secretario de Educación solicitando una amplia investigación científica sobre los riesgos potenciales en la salud de las redes Wi-Fi recomendando que las escuelas dejen de instalarlas hasta que la investigación las declare seguras. Philip Parkin, miembro de esa asociación, declaró a The Guardian que en Gran Bretaña las redes están siendo instaladas de forma desenfrenada.
De momento son los padres y los profesores los que están consiguiendo que las escuelas desmonten las redes Wi-Fi y las sustituyan por otro tipo de conexiones. Así se demostró en un reportaje del The Times de Londres que apareció el pasado mes de noviembre.
Tim Cannell, Jefe de Estudios en la Escuela de Prebendal, declaró al diario británico: “Escuchamos las opiniones de los padres. Estaban obviamente muy preocupados. También realizamos nuestras propias indagaciones. Las autoridades dicen que es seguro pero no ha habido estudios a largo plazo que lo prueben. Así que como desconfiamos del sistema decidimos cambiarlo por uno de cable convencional”. “Las autoridades locales y el Gobierno -señaló uno de los responsables que decidieron el cambio en otra escuela- nos dijeron que las redes inalámbricas son completamente seguras pero dada la desconfianza al respecto decidimos que las preocupaciones de los padres eran de mayor importancia que nuestra necesidad de tener una red inalámbrica”.
Según el informe del The Times, Stowe School -una escuela pública de Buckinghamshire- retiró su red inalámbrica después de que Michael Bevington, un profesor con 28 años de experiencia, enfermara. “Sentía un amplio conjunto de síntomas desagradables -declaró- siempre que estaba en el aula. Primero fue un fuerte dolor de cabeza, después dolor en el cuerpo, sofocos repentinos, presión detrás de los ojos, quemazón en la piel y sensaciones ardientes además de náuseas. Durante el fin de semana, lejos del aula, me sentía totalmente normal”. El consenso entre padres y profesores parece estar siendo la norma y las administraciones están dejando por ello la decisión en manos de las autoridades de los centros.
Y la sensibilización sobre el problema parece aumentar día a día. El doctor Mae-Wan Ho -biofísico, profesor de Biología y director del Institute of Science in Society con sede en Londres- terminaba un artículo titulado Ahogados en un mar de microondas: la revolución Wi-Fi de forma concluyente. “Están apareciendo evidencias de que los peligros para la salud asociados a las microondas inalámbricas son al menos comparables, si no peor, que los asociados al tabaquismo. Pero, a diferencia del tabaquismo, la exposición pasiva a las microondas será difícil de evitar si el Wi-Fi llega a estar en todas partes. Ahora que las prohibiciones de fumar están generalizadas por todo el mundo no hay razón para no hacer igual con el Wi-Fi. Todas las redes Wi-Fi en lugares públicos deben desmontarse, especialmente en escuelas y universidades, deben prohibirse. Por las mismas razones, las redes para cubrir la ciudad no deben ser instaladas. Los salones, las barras de café, los restaurantes y los hoteles con redes Wi-Fi deben llevar señales de alarma. El uso de los teléfonos móviles se debe reducir a un mínimo, especialmente para las poblaciones en riesgo; por ejemplo, los niños. Debe haber una adopción obligatoria de teléfonos móviles con niveles de radiación tan bajos como sean razonablemente realizables junto con tecnologías sin manos, ni auriculares”.
Uno más a la lista de gente absurda que rechaza los beneficios de la modernidad. Pero cada vez son más y más preparados.

UNIVERSIDAD DE LAKEHEAD, ONTARIO, CANADÁ
Fred Gilbert, Rector de la Universidad de Lakehead, es una excepción a la regla general y por eso un ejemplo a seguir. Ha decidido convertir su campus en una zona libre de contaminación inalámbrica y no instalar la tecnología Wi-Fi en su universidad. Y Gilbert no es un snob sino un científico de cierto renombre. Está considerado un administrador innovador y un apasionado defensor de incorporar los más modernos avances tecnológicos a su universidad para hacerla lo más competitiva posible. ¿Y no parece una contradicción entonces su decisión de prescindir de la tecnología Wi-Fi? Pues no. Porque lleva investigando los efectos de los campos electromagnéticos desde los años 70. No lleva móvil, prefiere vivir donde no haya líneas o cables de alta tensión y, si puede, evita colocar su cabeza durante la noche cerca de los enchufes. Simplemente no cree que exista evidencia científica suficiente para descartar los impactos de los campos electromagnéticos sobre la salud y, en función del más elemental principio de precaución hacia sus alumnos, prefiere esperar resultados más concluyentes antes de abrazar algunas tecnologías que, por otra parte, no considera imprescindibles. Así que en la web de la Universidad de Lakehead puede leerse:
Declaración general: la Universidad de Lakehead está conectada totalmente con el World Wide Web. La conexión se realiza por una red de fibra óptica en el campus de aproximadamente 8.000 posiciones así como en los cibercafés y los laboratorios de ordenadores. Sólo las áreas no servidas por la red de fibra óptica tiene una opción inalámbrica.
Propósito: el propósito de esta política es limitar la conexión inalámbrica basada en el ‘Principio de Precaución’ pues hay numerosos estudios científicos que sugieren que existen razones para la preocupación sobre la posibilidad de que la exposición a largo plazo continua o frecuente a los campos electromagnéticos de
Wi-Fi (CEMs) pudiera causar efectos adversos sobre la de salud (véase las resoluciones de Benevento y de Catania).
Fondo: la radiación de microondas en la gama de la frecuencia de
Wi-Fi ha demostrado que incrementa la permeabilidad hematoencefálica, causa cambios en el comportamiento, altera funciones cognoscitivas, activa respuestas de estrés, interfiere con las ondas cerebrales, el crecimiento celular, la comunicación celular, el balance del ión del calcio, etc., y causa roturas simples y dobles de las hebras del ADN a niveles de CEM de hasta sólo 0.005 w/kg.
Política: no se utilizará la red
Wi-Fi en las áreas de la universidad servidas por la red de fibra óptica hasta que los efectos potenciales sobre la salud hayan sido refutados científicamente o se hayan articulado medidas protectoras adecuadas que puedan ser tomadas”.
Todo un manual de instrucciones que ojalá siguieran muchos más responsables educativos. Rector, científico y activista. No es por tanto un cualquiera. Sus esfuerzos por colocar su universidad a la vanguardia de la tecnología le han supuesto numerosos reconocimientos -tanto en el interior como en el exterior de la universidad- lo que hace su resistencia mucho más significativa al optar por la precaución en vez de por el espejismo tecnológico sin por ello dejar de garantizar el acceso a la Red a todos sus alumnos mediante la fibra óptica.
Lakehead es un centro de estudios donde las aulas tienen integrado Internet, disponen de escáneres, proyectores, altavoces y micrófonos, cuenta con un laboratorio de realidad virtual que permite a los estudiantes de Medicina hacer disecciones tridimensionales de órganos on-line, hay más de 7.000 conexiones a Internet dispersas a través del campus, en lugares de trabajo, cibercafés, en posiciones colocadas en mesas por todas partes y al lado de cómodas sillas en los salones del vestíbulo. Tal es el retrato de la universidad que presentaba The Nacional Post en la primera entrevista realizada a Gilbert, desde que su decisión trascendiera a nivel internacional.
“No somos luddites (miembros de grupos de trabajadores de Inglaterra en el siglo XIX que se opusieron a la revolución industrial destruyendo maquinarias porque en su opinión les privaban del sustento) -afirma Gilbert en la entrevista- (…) Se trata de una tecnología que está arrasando sin ningún test previo. Es una tecnología marcada por la conveniencia. Y afirmo, como biólogo, que hay problemas potenciales asociados a esta tecnología en particular. ¿Por qué debemos, por conveniencia, instalar en la universidad algo que supone un riesgo potencial?”
Con su postura Gilbert se puede convertir -como Stewart- en referente mundial de coherencia frente a la ola arrolladora de tecnologías basadas en campos electromagnéticos. No cabe más que recordar el punto 5 de la Declaración de Benevento firmada hace un año por científicos de todo el mundo y citada por Gilbert en su argumentario: “Basados en nuestra revisión de la ciencia los efectos biológicos pueden tener lugar debido tanto a la exposición a campos de frecuencias extremadamente bajos (ELF-CEM) como a los campos de radiofrecuencia (RF-CEM). Evidencias epidemiológicas y experimentales in vivo así como in vitro demuestran que la exposición a algunas ELF-CEM puede incrementar el riesgo de cáncer en niños e inducir otros problemas de salud tanto en ellos como en adultos. Además hay evidencias epidemiológicas acumuladas que señalan un incremento del riesgo de tumor cerebral por un uso prolongado de los teléfonos móviles, la primera RF-CEM que ha comenzado a ser estudiada en detalle. Los estudios epidemiológicos y de laboratorio que muestran un incremento de riesgo de cáncer y otras enfermedades no pueden ser ignorados. Los estudios de laboratorio sobre cánceres y otras enfermedades han informado que la hipersensibilidad a los campos electromagnéticos (CEM) pueden ser debidos en parte a predisposición genética”.
“Si estoy haciendo lo correcto o no
-declaraba Gilbert al The National Post- sólo el tiempo lo dirá. No sé si estoy haciendo lo correcto. Estoy actuando desde el instinto y mi preparación como científico; y desde el análisis de la información que está disponible”. Y ante las críticas que su postura ha levantado Gilbert se limita a reafirmar su condición de científico. “Ser condenado por eso es algo sorprendente -afirma-. Esto es lo que se supone que un científico debe de hacer. Esto es lo que deben hacer las universidades: plantear problemas, fomentar la discusión, ayudar a la gente a escoger las mejores opciones”. De momento, la vecina Universidad de Ontario ha seguido sus pasos. Aunque reconoce el aspecto práctico innegable de la tecnología Wi-Fi la universidad ha manifestado que no cambiará su decisión hasta que el riesgo cero esté garantizado.

FRANCIA: TECNOLOGÍAS ASOCIADAS
También en Francia algunos grupos y asociaciones han expresado su preocupación en torno a la tecnología Wi-Fi. En este caso, sobre todo, respecto a los nuevos teléfonos híbridos que asocian la tecnología GSM y la tecnología Wi-Fi permitiendo utilizar una u otra según el lugar donde uno se encuentre. El pasado 27 de junio el Centro Independiente de Investigación e Información sobre las Radiaciones Electromagnéticas (Criirem) -una asociación de científicos e investigadores- señaló que este tipo de tecnología representaría un peligro para la salud pública. En un comunicado titulado Exactamente la misma frecuencia utilizada por un horno de microondas el Criirem denuncia una “aceleración de la contaminación electromagnética” con la telefonía Wi-Fi con ondas pulsadas a 2.450 MHz. O, según el Criirem, “la frecuencia óptima para agitar las moléculas de agua, es decir, exactamente la utilizada por un horno de microondas”.
“Se está elevando -explica Catherine Gouhier, directora técnica del Criirem- el límite máximo de exposición de las poblaciones pero no hay suficientes precauciones tomadas”.
El Consejo Científico del Criirem recuerda en su comunicado que no hay límite máximo para el desencadenamiento de reacciones del tipo “síndrome de las microondas”. Según la sensibilidad individual pueden bastar valores muy escasos para causar sensaciones de calor o pulsaciones craneales, cansancio, jaquecas, insomnio…
“En el uso de un teléfono
Wi-Fi -señala Michèle Rivasi, presidenta de Criirem- o la proximidad diaria a un punto de acceso las exposiciones a Wi-Fi se suman y pueden causar, según la duración, esas reacciones biológicas. Recibimos regularmente testimonios en este sentido. De ahí nuestras interrogantes sobre el impacto de un teléfono Wi-Fi en el agua presente en la piel o en el líquido cefalorraquídeo que baña el cerebro”.
El comunicado, tras constatar que la aparición constante de nuevas evidencias es siempre contestada con la llamada a estudios más extensos, termina invitando a la reflexión: “Se recomiendan estudios amplios a largo plazo (…) ¿Pero no somos nosotros ya cobayas de un extenso estudio, en marcha desde hace más de 10 años, realizado por las operadoras y fabricantes de materiales inalámbricos? ¿Un estudio pagado por nosotros mismos, en primer lugar en especie contante y sonante, y quizás a más largo plazo con nuestra propia salud? ¿O con la de nuestros niños? Metodológicamente, este dictamen prudente, demasiado prudente, plantea pues una cuestión: ¿la llamada a nuevos estudios, adicionales, mientras la exposición se amplía es una manera de jugar contra el reloj? ¿Se trata con este dictamen de prevenir el riesgo sanitario o de posibles futuras diligencias penales?”

PELIGROS PARA LA SALUD DE LAS MICROONDAS
Parece claro que pretender apreciar daños de forma inmediata es tan vano como ilógico. No se trata de un veneno o de un incendio. Como en el caso del amianto o del tabaco, las consecuencias del uso masivo de dispositivos basados en campos electromagnéticos comenzarán a constatarse en unos años porque se trata de daños a largo plazo.
Son numerosas las evidencias que apuntan ya a los factores tiempo e intensidad en el uso de estos dispositivos como determinantes en la aparición de graves patologías, a veces difíciles de evitar. A finales de enero de este año Interphone -un equipo internacional de investigadores con participación de varios países, entre ellos Finlandia, Dinamarca, Noruega, Suecia y Reino Unido- encontró nuevas evidencias de que el uso a largo plazo de los teléfonos móviles puede conducir al desarrollo de tumores cerebrales en el lado de la cabeza que se utiliza el teléfono. Los epidemiólogos de cinco países europeos informaron de un aumento del 40% de gliomas entre los que habían utilizado teléfono móvil durante diez años o más. El aumento es estadísticamente significativo. Además demostraron la tendencia a que el riesgo a padecer un tumor aumente con los años de uso. Ya en el 2004 otro grupo de investigación dirigido por Lennart Hardell -de la Universidad Orebro (Suecia)- y Kjell Hansson Mild -del Instituto Nacional para la Vida Laboral de Suecia- también encontró un riesgo creciente de aparición de tumores cerebrales y de neuromas acústicos después de diez años de uso del teléfono móvil.
Cifras que se unen a estudios anteriores. Ya en junio de 1993 una antena transmisora de GSM fue instalada en Naila, un ciudad meridional de Alemania, por lo que varios médicos que vivían en ella decidieron efectuar un estudio para examinar si en la gente que vivía cerca de las antenas transmisoras habían aumentado los casos de cáncer tras la puesta en marcha de la antena. Y al terminar encontraron que la proporción de nuevos casos de cáncer desarrollados era perceptiblemente más alta entre los que habían vivido durante los últimos diez años a una distancia de hasta 400 m del transmisor comparada con los que vivían más lejos. En los años 1999-2004, tan sólo cinco años después de que el transmisor hubiera sido instalado y de su funcionamiento, el riesgo relativo de padecer cáncer se había triplicado ya para los residentes a 400 m de la instalación comparado con el riesgo de los habitantes de fuera del área.
De forma similar se comprobó que en la ciudad israelí de Netanya el riesgo de cáncer se cuadruplicó en el área expuesta a las microondas. Los cánceres femeninos se doblaron comparados con los de la población israelí en general.
Y no olvidemos -aunque no tenga aval “científico” porque nadie ha movido un dedo para investigarlo- el caso de las decenas de muertes habidas -la inmensa mayoría por cáncer y problemas cardiovasculares- en tan sólo cinco bloques pequeños de viviendas de apenas cuatro pisos de altura en torno a un trasformador y una antena de telefonía en la madrileña población de Majadahonda, caso denunciado reiteradamente por esta revista.
Un mundo mejor para nosotros o nuestros hijos no pasa desde luego por la incorporación ciega y constante de nuevas tecnologías sino por la adopción de medidas como la de Gilbert en Lakehead -que sin renunciar a nada protege a sus alumnos- o la del Parlamento belga al tener conocimiento de la denominada Declaración de Bruselas -firmada por un grupo de científicos denunciando el peligro de las radiaciones- decidiendo reducir el límite de irradiación máxima para las antenas de las estaciones base de telefonía móvil a 3 V/m (algo más de 2 microvatios por centímetro cuadrado). Mientras, la legislación española mantiene unos límites de 41 V/m y 58 V/m para potencias de 900 y 1.800 Mghz respectivamente. Y es que no parece que nuestros políticos estén interesados en hacer nada.¿Tan distintos somos de los belgas?
Agregaremos para quienes se refugian en argumentos del estilo de que hay que esperar nuevos estudios internacionales o nuevas instrucciones de la OMS para cambiar las normas o que citan a la OMS como única referencia válida que en la Declaración de Bruselas se dice lo siguiente: “En principio nada indica que podamos contar con la OMS en un futuro próximo. La carta abierta enviada en noviembre de 2006 a la responsable del Proyecto Campos Electromagnéticos (CMS), Dra. Emilie van Deventer, acusándola de citar sólo los estudios epidemiológicos que apuntan a la ausencia de riesgos sanitarios ha obtenido un elocuente silencio. Además numerosos científicos han criticado duramente los métodos del antiguo responsable, M. Repacholi -hoy reconvertido en asesor de la industria-, que dirigió los últimos diez años el departamento y el proyecto CMS en la OMS, tanto en el plano deontológico como científico. El artículo publicado en noviembre de 2006 por Repacholi y van Deventer en la revista Environmental Health Perspective -disponible en Internet- da una visión sesgada del conocimiento científico y minimiza completamente los riesgos de exposición a las estaciones base. Por último, el argumento utilizado en la memoria 304 de la OMS, según el cual la población estaría más irradiada por las frecuencias FM que por las de la telefonía móvil y las redes inalámbricas ha sido contundentemente contestado por numerosos científicos. En este estado de cosas, la OMS definió siempre sus normas sobre la base de un compromiso político entre los países y no como una síntesis rigurosa o prudente de una revisión científica profunda”.
Claro que todos sabemos quiénes manejan la OMS.

Antonio F. Muro


La Declaración de Benevento
La Declaración de Benevento El 16 de septiembre del 2006 vio la luz el último gran manifiesto conjunto firmado por un amplio grupo de científicos alertando del peligro de los campos electromagnéticos. Se conoce como Declaración de Benevento y sugiero al lector que lea primero quiénes la firman y a quién o quiénes representan para valorar de forma adecuada lo que dicen. Luego, una vez leído, hagan una copia, guárdenla y si alguien vuelve a decirles que los efectos negativos sobre la salud de las radiaciones no están demostrados muéstrensela sin más. La resolución dice:
“La Comisión Internacional para la Seguridad Electromagnética (ICEMS) celebró en Benevento (Italia), durante los días 22, 23 y 24 febrero de 2006, una conferencia internacional titulada
El Principio de Precaución en materia de campos electromagnéticos, legislación y puesta en práctica. Los científicos de la conferencia refrendaron y ampliaron la resolución de Catania del 2002 y resolvieron que:
1. Siguen acumulándose evidencias que sugieren que existen efectos adversos para la salud en las exposiciones profesionales y públicas a los campos eléctricos, magnéticos y electromagnéticos o CEM (campos electromagnéticos) en los actuales niveles de exposición. Es necesario, pero todavía no se ha realizado, un examen transparente e independiente de las evidencias que apuntan a este emergente riesgo para la salud pública.
2. Los medios necesarios para dicha evaluación son totalmente inadecuados a pesar del crecimiento explosivo de las tecnologías para la comunicación inalámbrica así como la enorme inversión en curso en la transmisión de energía.
3. Hay evidencia de que las fuentes actuales de financiación sesgan el análisis y la interpretación de las conclusiones de la investigación para rechazar la evidencia del posible riesgo para la salud pública.
4. Argumentar que la débil (baja intensidad) radiación de los CEM no afecta a los sistemas biológicos no representa el espectro actual de la opinión científica.
5. Basados en nuestra revisión de la ciencia, los efectos biológicos pueden tener lugar debido a la exposición a campos de frecuencias extremadamente bajas (ELF-CEM) y a campos de radiofrecuencia (RF-CEM). Evidencias epidemiológicas y experimentales in vivo así como in vitro demuestran que la exposición a algunos a ELF-CEM puede incrementar el riesgo de cáncer en niños e inducir otros problemas de salud tanto en niños como en adultos. Además hay evidencias epidemiológicas acumuladas que señalan un incremento del riesgo de tumor cerebral por un uso prolongado de teléfonos móviles, la primera RF-CEM que ha comenzado a ser estudiada en detalle. Los estudios epidemiológicos y de laboratorio que muestran un incremento de riesgo de cáncer y otras enfermedades no pueden ser ignorados. Los estudios de laboratorio sobre cánceres y otras enfermedades han informado que la hipersensibilidad a los campos electromagnéticos (CEM) pueden ser debidos en parte a predisposición genética.
6. Alentamos a los gobiernos a adoptar un cuadro de recomendaciones basadas en el Principio de Precaución como ya han hecho algunas naciones para los trabajadores y las personas expuestas a los CEM (campos electromagnéticos). Las estrategias de precaución deben estar basadas en normas de interpretación y no deben establecer necesariamente cifras que podrían ser interpretadas de manera errónea como niveles bajo los cuales no existe ningún efecto nefasto. Esas estrategias deben incluir:
6. 1. Promover alternativas a los sistemas de comunicación inalámbricos como la utilización de la fibra óptica y los cables coaxiales; diseñar teléfonos móviles que recojan especificaciones técnicas más seguras incluyendo la irradiación lejos de la cabeza; preservar las líneas de telefonía fija existentes; colocar las líneas eléctricas soterradas en la vecindad de las áreas densamente pobladas y en áreas residenciales como último recurso.
6. 2. Informar a la población de los riesgos potenciales del uso del teléfono móvil e inalámbrico. Recomendar a los consumidores un uso limitado de las llamadas con móviles y usar los fijos para las conversaciones largas.
6.3. Limitar el uso de móviles y teléfonos inalámbricos a niños y adolescentes al nivel más bajo posible y prohibir urgentemente a las compañías operadoras de telefonía móvil la publicidad dirigida a ellos.
6. 4. Exigir a los fabricantes el suministro de equipos de manos libres (por medio de altavoces o auriculares) con cada teléfono móvil o inalámbrico.
6. 5. Proteger a los trabajadores de las radiaciones electromagnéticas (CEM) generadas por los equipos mediante restricciones de acceso y protección anti-CEM tanto de los individuos como de los edificios.
6. 6. Planificar la localización de antenas y torres para minimizar la exposición de los humanos. Registrar las estaciones base de telefonía móvil con agencias de planificación local y utilizar la tecnología de cartografía por ordenador para informar al público de potenciales exposiciones. Las propuestas de sistemas de ciudad digital (como Wi-Fi, WIMAX, transmisión de banda ancha por cable o línea eléctrica y tecnologías equivalentes) deben ser sometidas a un examen público de las potenciales exposiciones a radiaciones electromagnéticas y, en caso de las instalaciones preexistentes, las autoridades municipales deberán asegurar una información disponible a todos y regularmente actualizada.
6.7. Designar zonas libres de radiación en las ciudades en edificios públicos (escuelas, hospitales, áreas residenciales) y en los transportes públicos para permitir el acceso a personas con hipersensibilidad a los campos electromagnéticos.
7. El ICEMS está dispuesto a asistir a las autoridades en el desarrollo de un programa de investigación en campos electromagnéticos (CEM). El ICEMS fomenta el desarrollo de protocolos clínicos y epidemiológicos para investigaciones de cúmulos geográficos de personas con reacciones alérgicas y otras enfermedades o sensibilidades a los campos electromagnéticos y documenta sobre la efectividad de intervenciones preventivas. El ICEMS anima a la colaboración científica y al examen de los resultados de las investigaciones.
Nosotros, los científicos abajo firmantes, estamos de acuerdo en asistir a la promoción de las investigaciones en los campos electromagnéticos (CEM) y al desarrollo de estrategias para proteger a la salud pública a través de la sensata aplicación del Principio de Precaución”.

El manifiesto lo firman el 19 de Septiembre de 2006:

Morando Soffritti. Director científico de la Fundación Europea de Oncología y Ciencias Medioambientales B. Ramazzini. Bolonia (Italia).
Carl F. Blackman. Presidente de la Sociedad de Bioelectromagnetismo (1990-91). Raleigh, NC (EEUU).
Martin Blank. Departamento de Fisiología de la Universidad de Columbia. Nueva York (EEUU).
Natalia Bobkova. Instituto de Biofísica Celular. Pushchino, Moscú (Rusia).
Francesco Boella. Instituto Nacional de Prevención y Seguridad en el Trabajo. Venecia (Italia).
Zhaojin Cao. Instituto Nacional de Salud Medioambiental. Centro Chino para el Control de Enfermedades. (China).
Sandro D.Allessandro. Físico. Alcalde de Benevento. Italia (2001-2006).
Enrico D.Emilia. Instituto Nacional para la Prevención y Seguridad en el Trabajo. Monteporzio (Italia).
Emilio Del Giuduice. Instituto Nacional de Física Nuclear. Milán (Italia).
Antonella De Ninno. Agencia Nacional para la Energía, Medio Ambiente y Tecnología. Frascati (Italia).
Alvaro A. De Salles. Universidad Federal de Rio Grande del Sur. Porto Alegre (Brasil).
Livio Giuliani. Veneto del Este y Sur del Tirol. Instituto Nacional para la Prevención y la Seguridad en el Trabajo. Universidad de Camerino (Italia).
Yury Grigoryev. Instituto de Biofísica. Presidente del Comité Nacional Ruso del NIERP. Settimo Grimaldi. Instituto de Neurobiología y Medicina Molecular. Roma (Italia).
Lennart Hardell. Departamento de Oncología. Hospital Universitario de Orebro (Suecia).
Magda Havas. Estudios sobre Recursos y Medio Ambiente. Universidad de Trent de Ontario (Canadá).
Gerard Hyland. Universidad de Warwick (Reino Unido) e Instituto Internacional de Biofísica (Alemania).
Olle Johansson. Unidad de Dermatología Experimental, Departamento de Neurociencias. Instituto Karolinska (Suecia).
Michael Kundi. Jefe del Instituto de Salud Ambiental. Universidad Médica de Viena (Austria).
Henry C. Lai. Departamento de Bioingeniería. Universidad de Washington Seattle (EEUU).
Mario Ledda. Instituto de Neurobiología y Medicina Molecular. Consejo Nacional para la Investigación. Roma (Italia).
Yi-Ping Lin.
Centro de Políticas y Análisis de los Riesgos para la Salud. Universidad Nacional de Taiwan
(Taiwán).
Antonella Lisi. Instituto de Neurobiología y Medicina Molecular. Consejo Nacional para la Investigación, Roma (Italia).
Fiorenzo Marinelli. Instituto de Inmunocitología, Consejo Nacional para la Investigación. Bolonia (Italia).
Elihu Richter. Jefe de Medicina Laboral y Medioambiental.
Universidad Hebrea-Hadassah
. Jerusalén (Israel).
Emanuela Rosola. Instituto de Neurobiología y Medicina Molecular. Consejo Nacional para la Investigación. Roma (Italia).
Fiorella Belpoggi.
Fundación Europea de Oncología y Ciencias Medioambientales B. Ramazzini.
Bolonia (Italia).
Leif Salford. Jefe del Departamento de Neurocirugía. Universidad de Lund (Suecia).
Nesrin Seyhan. Jefe del Departamento de Biofísica. Director del Gazi NIRP Center de Ankara (Turquía).
Stanislaw Szmigielski. Instituto Militar de Epidemiología e Higiene. Varsovia (Polonia).
Mikhail Zhadin. Instituto de Biofísica Celular de Pushchino, Moscú (Rusia).


LAS EMPRESAS TELEFÓNICAS CONOCEN Y OCULTAN LOS EFECTOS NEGATIVOS DE LAS RADIACIONES ELECTROMAGNÉTICAS

Septiembre 26, 2008

Fuente: dsalud.com

Los daños que las radiaciones electromagnéticas producen en nuestra salud están científicamente demostrados. Y las compañías eléctricas y de telecomunicaciones lo saben desde hace años. Así lo demuestra, por ejemplo, una póliza de seguros que ya en el año 2001 suscribió Airtel (ahora Vodafone) en la que se reconocía que el electromagnetismo puede causar hasta la muerte. Algo que también reconocería públicamente Javier Aguilera siendo Consejero Delegado de Telefónica Móviles en un documental titulado Contracorriente que fue inmediatamente censurado en Televisión Española (TVE). Es más, el lobby de las telecomunicaciones, preocupado porque se sepa la verdad sobre los efectos del electromagnetismo, espía y acosa a los científicos que trabajan con criterios éticos estos asuntos.

Durante los últimos años la industria de las telecomunicaciones -al igual que la eléctrica- ha realizado un ingente esfuerzo para minimizar -cuando no directamente ocultar- los efectos de las ondas electromagnéticas en la salud. Sin embargo gracias a los trabajos de numerosos investigadores independientes hoy puede afirmarse que está científicamente demostrado que las ondas electromagnéticas causan graves daños. Hace sólo tres meses -en el número 89- esta revista publicó ya un artículo titulado El peligro para la salud de los campos electromagnéticos está científicamente demostrado en el que se daba a conocer un nuevo trabajo del catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada Darío Acuña Castroviejo que relaciona claramente la influencia en el sistema endocrino de las radiaciones electromagnéticas y se exponían las patologías asociadas a ellas. Siendo una de las conclusiones que las ondas electromagnéticas generadas tanto por las corrientes eléctricas como por las microondas (telefonía, telefonía móvil, radiofrecuencias, telefrecuencias, radares civiles y militares, etc.) “interfieren y distorsionan el funcionamiento normal del organismo humano”. Los principales efectos perjudiciales de esta tecnología -que según Acuña Castroviejo la literatura científica ha analizado con suficiente rigor metodológico- son trastornos neurológicos, cardiopulmonares, reproductivos, dermatológicos, hormonales e inmunológicos además de incrementar el riesgo de cáncer. Casi nada.
En ese mismo artículo se mencionaba también otro trabajo realizado en nuestro país en el año 2003 por un grupo de investigadores valencianos -Enrique Navarro, Manuel Portolés, Claudio Gómez Perretta y Segura- que se publicó en Electromagnetic Biology and Medicine sobre la existencia del Síndrome del Microondas en España. Y en él se relacionarían por primera vez síntomas como los enunciados con la intensidad de la radiación microonda que llegaba a los dormitorios de los vecinos cercanos a una instalación de telefonía móvil. El estudio comparó la incidencia de esos síntomas entre personas que vivían a una distancia de entre 100 y 300 metros de una estación base de telefonía móvil demostrando que el riesgo aumenta entre un 32 y un 45% según el grado de cercanía.

PROTEGERSE DE LOS CIUDADANOS
Es evidente, en suma, que las radiaciones electromagnéticas influyen de manera negativa en la salud y las compañías eléctricas y de telecomunicaciones lo saben… Aunque lo nieguen, ya que eso les permite no tener que aplicar el Principio de Precaución previsto por la legislación en casos de duda.
En el caso de la industria de las telecomunicaciones sus responsables niegan que la tecnología móvil produzca perjuicios en la salud argumentando que no existen estudios “concluyentes” sobre ese aspecto… pero no dicen la verdad. Y por si alguien lo duda aún he aquí un significativo ejemplo: Airtel Móvil -hoy Vodafone- suscribió entre el 31 de marzo de 2001 y el 31 de marzo de 2002 una Póliza de Responsabilidad Civil con la aseguradora española Royal & Sunalliance (número 451.434) y en ese documento se excluyen precisamente los posibles daños por contaminación electromagnética. De hecho en la cláusula nº 19 se dice expresamente que la póliza no asegura “daños personales, enfermedad, incapacidad de cualquier tipo, muerte, enfermedad mental, angustia mental, dolor mental o físico, o cualquier síntoma mental o físico causado o supuestamente causado o contribuido por el uso continuado de teléfonos móviles”. La póliza fue aportada por Airtel durante el procedimiento 1005/2001 que se siguió en el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, pleito que fue interpuesto por esa empresa contra la Ordenanza sobre Estaciones Base de Telefonía Móvil del Ayuntamiento de Montilla (Córdoba). Sólo que al suscribir semejante seguro Airtel y su aseguradora estaban reconociendo implícitamente que las ondas electromagnéticas emitidas por las antenas y aparatos de telefonía móvil sí pueden causar daños en la salud. Cuando nos pusimos en contacto con Vodafone para comentarla, Mamen Rodrigo nos aseguraría en nombre de la empresa: “Nosotros no conocemos esa cláusula. Los seguros actuales de Vodafone no recogen ni esa cláusula ni ninguna otra de características similares”. Y a continuación nos remitiría a instituciones como el Ministerio de Sanidad y Consumo, la Asociación Española Contra el Cáncer o su propia página web para que nos informáramos de “la no existencia de efectos nocivos en nuestra salud debido a radiaciones electromagnéticas”. La cantinela de siempre.
Solo que en la citada póliza figura claramente que Airtel Móvil pertenecía en aquellas fechas al grupo Vodafone. Así que, ¿por qué se protege esa compañía de una tecnología que según ella es inocua para la salud? Porque las dolencias que se incluyen en la póliza coinciden en lo básico con las que numerosos científicos relacionan con los efectos del electromagnetismo.
Incluso los tribunales están ya dando la razón a quienes emiten señales de alarma pese a que sus decisiones pasan prácticamente desapercibidas en los medios de comunicación. Una sentencia histórica del Tribunal Supremo declaró firme hace tiempo otra de la Audiencia Provincial de Murcia sobre los posibles efectos negativos de la contaminación electromagnética en la salud humana. Tribunal que exigiría a las operadoras aplicar el Principio de Precaución siendo desde entonces pues las compañías eléctricas y de telecomunicaciones las que tienen que demostrar que su tecnología es inocua para la salud.

INVESTIGADORES ACOSADOS
En suma, pese a que las empresas saben perfectamente -desde hace muchos años- que las radiaciones electromagnéticas pueden tener efectos perniciosos difunden constantemente el mensaje de que se necesitan más estudios, que “es necesario seguir investigando”. Quieren ganar tiempo… pero no tienen intención de hacerlos. Lo demuestra que hasta la fecha el interés en efectuar análisis epidemiológicos es tan escaso que en todo el mundo se han hecho ¡tres! Y, sin embargo, existen ¡más de 20.000 páginas! sobre los efectos negativos de las radiaciones y una enorme cantidad de literatura científica. Por otra parte, la mayor parte de los análisis que se realizan sobre contaminación electromagnética… ¡los financia la propia industria! lo que implica que sus resultados están controlados por ella. ¡Poderoso caballero es Don Dinero!
Los lobbies de las telecomunicaciones presionan también para que los resultados de los trabajos de los científicos independientes no se conozcan así como para que no continúen con sus investigaciones ya que pueden poner en peligro sus intereses. Y la pregunta es simple: si las radiaciones electromagnéticas no son perjudiciales, ¿por qué las compañías actúan así?
El Centro de Investigación Alonso de Santa Cruz que dirige en Alcalá de Henares (Madrid) el doctor José Luis Bardasano realizaba numerosos trabajos y organizaba reuniones de alto nivel sobre la contaminación eléctrica y magnética… hasta que, misteriosamente, fue clausurado en noviembre de 1999. Otro tanto le ocurrió en enero del 2002 al finado investigador francés, pionero en investigación sobre Electromagnetismo, Roger Santini. Y en el año 2000 el doctor Claudio Gómez Perretta, responsable del Centro de Investigaciones del Hospital Universitario La Fe de Valencia y uno de los investigadores más prestigiosos sobre electromagnetismo, fue conminado por la gerencia del centro a dejar de investigar sobre el efecto en la salud de los campos electromagnéticos. Los responsables del hospital esgrimieron como argumento que no estaba “acreditado” oficialmente para realizar dichos análisis. Muletilla que desde entonces ha utilizado la industria para descalificar su trabajo científico. Dándose la circunstancia de que el Centro de Investigación adscrito al Hospital Universitario La Fe en el que trabaja Gómez Perretta es una entidad pública cuya política sanitaria debería ser proteger la salud de la ciudadanía y no a la industria. El doctor, por su parte, asegura que dirigió sus investigaciones “a los campos electromagnéticos provenientes de las estaciones de telefonía móvil o del propio teléfono móvil porque suponen por su expansión un hipotético problema sanitario de difícil previsión que requiere la máxima atención por parte de las autoridades sanitarias”.
Qué duda cabe de que apartar de ese trabajo a Gómez Perretta fue una de las “victorias” más importantes del lobby empresarial. Porque como bien explicaría el periódico Levante-EMV “en la comunidad valenciana únicamente el Instituto de la Electricidad de la Universidad Politécnica de Valencia, que recibe ayudas de la empresa hidroeléctrica Iberdrola, realiza mediciones e informes de este tipo aunque previo pago de los correspondientes honorarios”. Es decir, el lobo se vigila a sí mismo.

ORDENADOR PIRATEADO
También el científico Manuel Portolés -bioquímico y compañero de Gómez Perretta en el Hospital Universitario La Fe- sería presionado por las compañías telefónicas debido a sus investigaciones y a la posterior divulgación de los resultados. Telefónica, por ejemplo, intentó denunciarle en el 2004 por unas declaraciones suyas que recogería la prensa de Lérida tras una conferencia que fue invitado a pronunciar en la Fira de la Natura organizada por Comisiones Obreras. Y es que en ella insinuó que la mayoría de los medios de comunicación, presionados por la industria, ocultaban las noticias negativas sobre el problema de la contaminación electromagnética. De ello se hizo eco el diario La Manyana. Es más, llegaría a asegurar que Telefónica había pirateado su ordenador para acceder a los estudios que realizaba. Lógicamente los responsables de la empresa intentaron que rectificara y le amenazaron con llevarle a los tribunales para lo cual enviaron un notario a su laboratorio con un requerimiento dándole 48 horas para rectificar esas declaraciones advirtiéndole de que una posible condena podría suponerle hasta dos años de prisión. Portolés, sin embargo, recogió las pruebas del sabotaje informático y se las remitió a la compañía. Telefónica, por supuesto, se calló y no cumplió su amenaza de ejercer acciones penales.
Parece obvio también que los responsables del Hospital Universitario La Fe, lejos de defender a sus trabajadores, actúan en defensa del lobby electromagnético. Lo demuestra que tras el incidente con Telefónica conminaron a Portolés a mantener una reunión con el gerente y el abogado del hospital… que finalmente no se celebró. El propio investigador lo explicaría durante un curso que dirigió en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP): “Me citaron a una entrevista pero nunca se realizó. El curso estaba avalado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología (así se llamaba entonces) y el de Sanidad. En otras ocasiones ha sido (la presión para entrevistarse cara a cara con lobbistas del sector) tras escribir algún artículo en la prensa”.
La presión sobre los investigadores por parte de la industria, de manera directa o a través de los cargos públicos que actúan como jefes de los primeros, no ha cesado durante los últimos años. Un informe realizado por encargo del Parlamento Europeo denominado Los efectos fisiológicos y medioambientales de la radiación electromagnética no ionizante advierte que, de forma sistemática, tienen mayor publicidad y repercusión las investigaciones científicas favorables a las tecnologías emisoras de ondas electromagnéticas que aquellas otras investigaciones ajenas a los intereses económicos de la industria.
Un buen ejemplo -citado por dicho trabajo- es la publicación de un estudio epidemiológico efectuado en Estados Unidos en el que se descubrió que había riesgo “estadísticamente significativo” para los usuarios de teléfonos móviles de padecer un tipo poco común de tumor en el cerebro -un neuroma epitelial- precisamente donde se produce la máxima penetración de radiación desde el móvil. Un descubrimiento que apenas fue difundido entre el público por los medios que prefirieron centrar la información en comunicar que no había incremento “global” de la incidencia de tumores cerebrales entre los usuarios de móviles.
El propio Parlamento Europeo ha denunciado ya que “el escepticismo de la gente se ve exacerbado aún más por los informes de la industria de telefonía móvil y sus intentos de ‘persuadir’ a aquellos cuyos descubrimientos pudieran dañar el crecimiento del mercado hasta el punto de alterar realmente los resultados para hacerlos más ‘favorables al mercado’”.

UN LOBBY MUY FEROZ
Y aún hay más: un día, en la localidad cordobesa de Montilla, estaba ya todo preparado para que el doctor Gómez-Perretta diese una conferencia sobre telefonía móvil y sus efectos en la salud -invitado expresamente por el Ayuntamiento y la Plataforma Ciudadana para el Alejamiento de las Antenas de Telefonía Móvil- cuando muy poco antes de comenzar el acto llegaría un mensajero con una carta para el alcalde Antonio Carpio, de Izquierda Unida. La enviaba el director del Hospital Universitario La Fe de Valencia, Vicente Gil Suay, carta que previamente había ya enviado al responsable de Relaciones Externas del Comité de Desarrollo de Infraestructuras de Telecomunicación (CDIT) y a la Asociación Nacional de Industrias Electrónicas (ANIEL) en la que están incluidas las compañías eléctricas y de telefonía móvil. En ella se reconocía que Gómez-Perretta trabajaba en el Centro de Investigaciones del hospital pero “aclaraba” que en el mismo no existía proyecto alguno de investigación ni sobre los campos electromagnéticos ni sobre la posible afección para la salud humana de la tecnología telefónica móvil. Quedaba con ello meridianamente claro que los responsables de ANIEL utilizaban en su seguimiento del “científico crítico” las informaciones que les mandaba la gerencia del citado centro hospitalario. Se trata pues de un ejemplo ilustrativo de cómo trabaja en equipo la industria y esa institución sanitaria pública.
Empero, Antonio Carpio se reuniría tras leerla con Gómez Perretta y la conferencia se dio a pesar de todo. Desde el hospital se explicaría luego que esa carta se envió en respuesta a la petición realizada por las operadoras de telefonía que querían saber si había alguna línea de investigación vinculada a los efectos de las frecuencias en la salud calificando lo sucedido como “un trámite habitual”. Agregando que en el hospital no había abierta en ese momento ninguna línea de investigación sobre el asunto… “por lo menos de manera oficial”.
Todo ello hizo necesario que el presidente de la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo y Ciencias de la Salud, José Luis Bardasano, acreditara que el doctor Claudio Gómez-Perretta formaba parte del equipo investigador de un proyecto aprobado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología titulado Estudio epidemiológico de los efectos de los sistemas de telefonía móvil sobre la salud (nº FIT-07000C-2001-873).
A tenor de los hechos mencionados -y de muchos otros- parece claro que la operación de descrédito contra Gómez Perretta llevada a cabo por la industria y esa institución pública hospitalaria no constituyen un hecho aislado sino más bien un proceso de presión corporativa perfectamente diseñado y estructurado. Ya en otra ocasión los responsables de ese hospital impidieron que Gómez Perreta apareciera identificado ante las cámaras del programa Punt Dos de la televisión autonómica valenciana como investigador perteneciente al mismo y especialista en Neurobiología. Claudio Gómez Perreta afirmaría entonces públicamente: “Lamento la acción antidemocrática y poco educada del subdirector de ANIEL el cual se permite enviar cartas a los organizadores desacreditando a quien subscribe además de utilizar cartas muy pasadas de mi gerente hospitalario y adjuntar una lista de científicos que este señor autoriza en nombre de las operadoras para hablar de dichos temas”.

DESCRÉDITO SISTEMÁTICO
El descrédito sistemático de los científicos independientes españoles por parte del lobby electromagnético ha producido situaciones tan grotescas para la ciencia española como tener que pedir a investigadores de otros países que vinieran a avalar los trabajos de nuestros investigadores. Como comentamos al principio, un grupo de científicos valencianos -entre los que estaban Portolés y Gómez Perretta además de Navarro y Segura- publicó en la revista Electromagnetic Biology and Medicine un trabajo sobre la existencia en España del Síndrome de las Microondas. Y los resultados fueron demoledores. Así que se les intentó desprestigiar de inmediato. “La crítica al estudio no se hizo esperar -explicaría Portolés-. Sobre todo porque unos desconocidos en el tema, no epidemiólogos, habían sido capaces de diseñar una estrategia tan sencilla que llevara a semejantes conclusiones”.
Tan molestos ante el acoso de la industria se sintieron los científicos españoles que decidieron enviar sus datos a un epidemiólogo de fama internacional, el austriaco Gerd Oberfeld, quien aceptó volver a analizarlos e, incluso, viajó luego a España con su equipo para repetir las mediciones un año después. Y la sorpresa fue mayúscula porque se comprobó que los datos de contaminación en ese momento eran todavía más desfavorables para los vecinos que cuando los midió el equipo valenciano. “Enviar el trabajo a Oberfeld nació del poco crédito que se nos concedía en la sociedad al no ser epidemiólogos -explicaría Portolés, doctor en Ciencias Biológicas- así como por las críticas de las operadoras y del colegio de médicos”.
Se da asimismo la circunstancia de que en noviembre del 2002 Portolés codirigió el curso Tecnología y salud: física y biología de la telefonía móvil que se celebró en la Universidad Menéndez Pelayo. Pues bien, esa misma semana el Colegio de Médicos de Valencia contraprogramó un evento de similares características llevándose a la capital del Turia a Benedetto Terracini, miembro del Comité de Toxicología, Ecotoxicología y Medio Ambiente de la Unión Europea (UE) y presidente del grupo de trabajo que elaboró el dictamen en el que se señala que no hay evidencia científica de la relación entre la exposición a ondas electromagnéticas y posibles efectos adversos para la salud. De hecho ese trabajo fue uno de los que presentó el Comité para el Desarrollo de las Infraestructuras de Telecomunicaciones (COINTE) -integrado por los fabricantes y operadores de telefonía (Amena/Orange, Ericsson, Nortel, Telefónica Móviles, Siemens y Vodafone)- para contrarrestar la alarma social generada por los casos de cáncer infantil detectados en el Colegio Antonio García Quintana de Valladolid.
Lo que poca gente sabe es que Terracini fue uno de los encargados hace años de “estudiar” también el llamado Síndrome Tóxico cuyo origen sigue siendo controvertido aunque se achacara finalmente al aceite de colza porque es evidente que si muchos de los afectados no tomaron jamás ese aceite -y así lo juran aún años después- es imposible que la causa fuera el mismo por mucho que algunos jueces así lo decidieran enterrando la verdad en decenas de miles de kilos de papeles. Aunque lo más significativo es que ese “experto” epidemiólogo ¡nunca había publicado nada sobre electromagnetismo antes de hacerse cargo del trabajo que efectuó para la Unión Europea!. ¿Será que hay expertos en avalar lo que políticamente interesa avalar?
Cabe añadir que Manuel Portolés y Enrique Navarro, tras sus investigaciones científicas, han ofrecido multitud de conferencias sobre sus resultados. “Una la dimos en el local de la Asociación Española de Lucha Contra el Cáncer de Valencia pero luego la asociación, a nivel estatal, afirmaría que con la contaminación electromagnética no pasa nada -nos diría Portolés-. Y lo mismo ocurre con asociaciones como la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) que si bien al principio apoyaron nuestro trabajo y los datos que del mismo se desprendían después su tesis fue de nuevo la de ‘aquí no pasa nada’”.
Debo agregar que un reciente estudio efectuado por investigadores finlandeses que acaba de concluir demuestra que el uso de teléfonos móviles durante 10 años o más aumenta hasta un 40% la posibilidad de desarrollar un tumor cerebral -concretamente un glioma- en la zona de la cabeza en la que se coloca el aparato. Así lo ha reconocido Anssi Auvinen, epidemiólogo participante en el estudio que va a ser publicado en International Journal of Cancer. Se trata del segundo trabajo realizado hasta la fecha que confirma que ese riesgo es real. Lo que ha llevado a afirmar a Louis Slesin, editora del Microwaves News -un boletín de noticias norteamericano sobre salud y radiaciones- que se trata ya de “una evidencia de peso”.
Bueno, pues al peligro de las radiaciones emitidas por las torres de alta tensión, los centros de transformación, las antenas de telefonía, los teléfonos móviles, los inalámbricos y los hornos microondas se añade ahora el de las comunicaciones inalámbricas (WiFi). En el Reino Unido, por ejemplo, ya se han empezado a prohibir en determinados lugares, especialmente donde hay niños. En España ni se habla de ello.

UNAS DECLARACIONES REVELADORAS
El 8 de enero del 2002 el prestigioso espacio Documentos TV que dirige en La 2 de TVE Pedro Erquicia iba a emitir un reportaje con el título Contracorriente en el que se explicaban claramente los potenciales peligros para la salud de las líneas de alta tensión, las subestaciones y las antenas de telefonía móvil. Bueno, pues nunca llegó a emitirse. Fue censurado pese a que ya se había pagado y hoy se encuentra en un archivo de TVE con la leyenda Embargada su emisión según testigos de la propia cadena.
El documental -cuyas copias “pirata” han llegado a verse hasta en Nicaragua- recogía unas declaraciones de Javier Aguilera -en aquel entonces Consejero Delegado de Telefónica Móviles y hoy presidente de TPI Páginas Amarillas, filial de Telefónica- en las que éste reconocía sin ambages que la tecnología móvil es peligrosa para la salud. “Uno se muere por 38.000 cosas -explicaba sin tapujos Aguilera-. ¿Que ésta es una más? Mire, indiscutible. ¿Que es una más incluso para los que no usan la telefonía? Indiscutible. ¿Y que los que usan la telefonía móvil no debían tener este factor? Sin duda. Pero, ¡joder!, el mundo es como es. Es decir, a mí me gustaría no respirar el humo que echan los autobuses pero, ¿qué vamos a hacer? ¿No tener autobuses?”
Tan clarificadoras y rotundas declaraciones se produjeron tras la lógica alarma social que crearon los casos de cáncer de varios niños en los colegios García Quintana y Federico García Lorca de Valladolid, ubicados ambos muy cerca de una antena de telefonía.
Los responsables de las operadoras de telefonía negaron entonces que hubiera prueba alguna de esa conexión. Las palabras del entonces Consejero Delegado de Telefónica Móviles vergonzosamente ocultadas les han dejado en flagrante evidencia. Porque Aguilera llega a reconocer que las emisiones de la telefonía móvil pueden causar ¡hasta la muerte!
“Recibimos muchas llamadas de empresas implicadas en el trabajo que querían rectificar o matizar sus afirmaciones. Al final nos enteramos de que el responsable directo de que no se emitiera fue Alfredo Urdaci, en aquel momento director de informativos de TVE nombrado por el Gobierno del PP”, reconocería Pedro Barbadillo, director del documental al explicar por qué nunca se emitió. Meses después de la grabación del reportaje censurado una de las niñas del “caso Valladolid” murió de leucemia.
El documental, a día de hoy, sigue sin emitirse pese al cambio de Gobierno y del equipo directivo de TVE. Y es que el poder e influencia de las compañías de telefonía en los centros de poder político continúa intacta.

Miguel Jara


TELEFONÍA MÓVIL: MÁS PELIGROSA DE LO QUE SE DICE

Septiembre 26, 2008

Fuente: dsalud.com

En las páginas de la revista del pasado mes de febrero publicamos ya un extenso y documentado reportaje sobre la peligrosidad de la telefonía móvil. En este número ampliamos esa información y ofrecemos al lector nuevos informes para que se forme su propia opinión. Sintiendo, eso sí, no poder darle datos tranquilizadores. Lea y juzgue usted mismo.

Tal y como anticipáramos hace dos meses, el peligro de la telefonía móvil no está únicamente -como algunos se empeñan en hacernos creer- en el sobrecalentamiento que puede provocar en las células del cerebro la utilización de esos teléfonos. Porque de ser el sobrecalentamiento celular el único efecto biológico adverso de la radiación electromagnética procedente -entre otras cosas- de las antenas y aparatos de telefonía móvil no se aclararían por completo las causas de los problemas de salud -desde el insomnio al cáncer pasando por ataques epilépticos y fatiga crónica- que presentan centenares de personas expuestas a dicha radiación.
Y es que se está ocultando -así lo denuncian al menos los expertos con los que hemos hablado- que, a largo plazo, las dolencias cuyas causas se achacan a la exposición a las ondas electromagnéticas se deben en buena parte a que las ondas que emite el teléfono móvil, en concreto las de muy baja frecuencia, están en el mismo rango de frecuencias en el que funciona nuestro cerebro, nuestro corazón y, en general, las células de nuestro cuerpo; y que, por tanto, por efecto de biorresonancia, pueden provocar graves problemas de salud a medio y largo plazo.
Esto es lo que no se dice. Esto es lo que muchos niegan aunque tal afirmación se base en evidencias científicas presentadas desde hace años por diferentes investigadores. De hecho, nos consta -y lo reprodujimos casi en su integridad en el reportaje del mes de febrero- que la Dirección General de Investigación del Parlamento Europeo dispone desde marzo de 2001 de un informe -elaborado conjuntamente por el Instituto Internacional de Biofísica de Neuss-Holzheim (Alemania) y el Departamento de Física de la Universidad británica de Warwick y dirigido por el prestigioso doctor en Física Gerard Hyland- en el que, entre otras cosas, se puede leer: “Lo que distingue a los campos electromagnéticos producidos tecnológicamente de la mayoría de los naturales es su mayor grado de coherencia. Eso significa que sus frecuencias están especialmente bien definidas y, por tanto, son más fácilmente perceptibles por los organismos vivos, entre ellos, los humanos. Lo cual incrementa su potencial biológico y “abre la puerta” a la posibilidad de distintos tipos de influencias no térmicas de frecuencia específica contra las cuales las directrices de seguridad -como las emitidas por la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante- no garantizan protección”. Más claro…
Sugerimos al lector que lea los recuadros adjuntos en los que explicamos con sencillez los diferentes tipos de ondas electromagnéticas que existen, qué es la radiación, cuál es la diferencia entre radiaciones ionizantes y no ionizantes por qué y en qué medida interfieren sobre el organismo y cuáles son sus efectos térmicos y atérmicos.

EL SER VIVO ELECTROMAGNÉTICO
Hay que empezar diciendo que -como bien explica Viçenc Bagué, graduado en Medicina Tradicional China y profesor del Instituto Superior de Medicinas Tradicionales en Barcelona- cada una de las células de un ser vivo constituye un campo electromagnético perfectamente definido en el que -valga el símil- la membrana actúa como condensador, las mitocondrias como fuentes de alimentación y donde además existen sistemas que desempeñan una labor de conmutación y transmisión, como el citoesqueleto. Eso es lo que ocurre a nivel celular. Y lo mismo sucede en cada uno de los tejidos, órganos y sistemas del cuerpo donde existen proteínas que transportan la información a la velocidad de la luz. Es más, el propio ser humano en su conjunto es un campo electromagnético, el más poderoso instrumento de organización y comunicación biológica que existe en la naturaleza.
Bueno, pues cada uno de esos niveles posee su propio espectro característico de ondas electromagnéticas por lo que es necesaria la existencia de interacciones de resonancia entre ellos a fin de mantener un equilibrio dinámico. Un acoplamiento que, si se rompe y no es reequilibrado por el propio organismo, hace sobrevenir la enfermedad.
Por eso el ser humano es tan sensible a cualquier campo electromagnético externo. Hasta el punto de que un simple cambio de parámetros meteorológicos (temperatura, humedad, presión, etc.) es suficiente para poder desajustarle y poner a prueba sus mecanismos de regulación, defensa y adaptación.

ANTENAS HUMANAS

En suma, sabiendo que los seres vivos son sensibles a los estímulos externos es evidente que la cada vez más intensa polución electromagnética -además de otros efectos patológicos valorados y descritos por numerosos investigadores- puede trastornar su medio interno electromagnético natural. Y hoy día de forma excesivamente rápida, tanta como para no permitir que el ser humano pueda adaptarse. Algo que puede inducir en el organismo humano cambios y patogénesis más allá de los efectos negativos que se han podido valorar hasta el momento.
Obviamente, los posibles efectos en el organismo de las ondas artificiales -como la radiación de microondas y las frecuencias extremadamente bajas de la telefonía móvil- dependerán de la coherencia, potencia, modulaciones, cercanía a la fuente de emisión, duración de la exposición, tipos de ondas y posibles resonancias así como de las interferencias que se puedan establecer entre esas señales y los procesos y estructuras fisiológicas del organismo.
Aunque el principal peligro de esta invisible -pero real- amenaza es que las distintas frecuencias del espectro electromagnético de los dispositivos que emiten radiación (teléfonos móviles, pantallas de ordenador, líneas de alta tensión, electrodomésticos, etc.) pueden interferir en las frecuencias del organismo de la persona -y de todo ser vivo- tanto a nivel orgánico como celular. Y eso es así porque esos aparatos -entre ellos, los teléfonos móviles- emiten en la misma o muy parecida frecuencia que, por ejemplo, un cerebro o un corazón humanos. Con la diferencia de que lo hacen en frecuencias armónicas, lo que las lleva a interferir las frecuencias naturales.

¿CÓMO FUNCIONA UN TELÉFONO MÓVIL?
Lo primero que hay que tener en cuenta es que el teléfono, si está encendido, emite radiación de manera permanente, estemos utilizándolo o no. Eso sí, no emite la misma dosis cuando se halla en estado de espera sino que llega a sus máximos picos cuando uno recibe o efectúa una llamada. Se trata de un sistema bidireccional permanente ya que, al tiempo, el aparato es emisor y receptor-amplificador de señales. Lo que se debe tener en cuenta ya que si intentamos hacer uso del teléfono desde el interior de un coche, de un parking o de un edificio la radiación que recibiremos será mayor porque el teléfono necesitará emitir a más potencia para cumplir su función.
El sistema de telefonía móvil más usado hoy en el mundo es el llamado GSM (siglas de Global System for Mobile Communication o Sistema Global para Comunicación Móvil) que trabaja a 900 y 1.800 MHz pero ya comienza a extenderse una nueva tecnología llamada UMTS (Universal Mobile Telecommunication System o Sistema Universal de Telecomunicación Móvil) que precisa frecuencias superiores -entre 1.885 y 2.200 MHz- a fin de poder incorporar mayor volumen de información (esta tecnología está pensada para transmitir imágenes y enriquecer las prestaciones del teléfono móvil con conexiones a Internet).
En suma, el espectro electromagnético de los teléfonos móviles está compuesto por dos tipos de ondas, algunas de las cuales están en el mismo rango de frecuencias que los sistemas vivos:

1) Las microondas, que son las que portan la señal (por eso son conocidas como “ondas portadoras”). La frecuencia portadora está en torno a los 900 MHz en el caso de la tecnología GSM (concretamente, entre 890 y 915 MHz en la banda de emisión y entre 935 y 960 en la recepción) y de hasta 1.800/1.900 MHz en el caso de aparatos digitales. Y,

2) Las ondas de muy baja o extremadamente baja frecuencia que son las que modulan la señal (por eso se las llama “ondas de modulación”). En cuanto a la frecuencia de estas ondas en los teléfonos móviles las encontramos de:
a) 2 hertzios. Se usan para evitar la modulación poco confortable para los oídos que provoca el ruido circundante.
b) 8,34 hertzios. Es la frecuencia de emisión de la señal asociada a las condiciones de recepción.
c) 30 a 40 hertzios. En ella emiten distintos elementos electrónicos internos del teléfono móvil.
d) 217 hertzios. Es la modulación de la frecuencia portadora de las microondas utilizadas por los sistemas GSM.
Ahora bien, hay que decir que en caso de tráfico intenso la frecuencia de 217 Hz desaparece y sólo queda la de 8′34 Hz. Todo esto es importante porque, como hemos explicado, los organismos vivos son sensibles a las intensidades ultra-bajas de los campos externos ya que sus células, tejidos y órganos se mueven en esa franja electromagnética. El corazón y el cerebro, por ejemplo, entran en resonancia con frecuencias externas similares: el corazón emite a una intensidad de 100.000 femtoTeslas para frecuencias eléctricas de 1 o 2 Hz mientras que la potencia de emisión magnética de un cerebro humano es de 150 femtoTeslas para las frecuencias eléctricas de 0 a 31′5 Hz (hay que recordar que el campo magnético de frecuencia extremadamente baja de una pantalla de televisión es de 250 nanoteslas, que es un millón de veces más grande que el desarrollado por cerebro y corazón).
Es decir, los dramáticos efectos de las radiaciones de frecuencias extremadamente bajas sobre procesos tan importantes como la división celular o la comunicación intercelular se debe a que las que emiten los teléfonos móviles (8′34 Hz y 2 Hz) coinciden en el mismo espectro. Así lo refleja cualquier electroencefalograma ya que las ondas cerebrales theta, delta y alfa están entre los 0 y 12 Hz. Y esa es la razón de que esta clase de radiación afecte a la actividad eléctrica y electroquímica del cerebro así como a la permeabilidad de la barrera hemática del mismo a la par que degrada el sistema inmunitario.

HECHOS INEXPLICABLES
Todos conocemos -o deberíamos conocer- la prohibición de utilizar teléfonos móviles en gasolineras, aeropuertos y hospitales, entre otros lugares. Esta prohibición se basa en que “se sabe” (al parecer, en este caso sí) que sus emisiones electromagnéticas podrían interferir adversamente -y de forma no térmica- en los equipos electromagnéticos de que están dotadas las citadas instalaciones. Es más, desde hace años se sabe que estas radiaciones provocan interferencias en marcapasos y audífonos, alteraciones que no tienen nada que ver con el efecto térmico de la radiación por campos electromagnéticos.
Pues bien, por increíble que parezca, la actual legislación europea sobre “compatibilidad electromagnética” no extiende ese mimo y consideración a los seres humanos, a los que debe entender inmunes a los efectos atérmicos de la radiación electromagnética de un teléfono móvil.
Y ¡más increíble aún!: actualmente algunas pautas de seguridad basadas en los efectos térmicos permiten que los usuarios sean expuestos a campos eléctricos hasta 10 veces más potentes que el valor estándar de compatibilidad electromagnética definida para algunos aparatos (3 V/m). Las autoridades sanitarias obvian de nuevo que los organismos vivos son campos electromagnéticos muy sensibles.
Otro hecho inexplicable es que tampoco se tiene en cuenta que las ondas de frecuencia extremadamente bajas emitidas desde un teléfono móvil (sujeto contra la oreja) pueden alcanzar una potencia entre 10 y 25 veces más elevada que los estándares de energía permitidos para los campos de ondas de frecuencia extremadamente baja emitidos por las pantallas de televisión y de ordenador. Y es que, incluso a medio metro de distancia, un móvil emite un campo magnético de entre 1,8 nanoteslas y 5,2 nanoteslas, cifras escalofriantes si se tiene en cuenta que las pantallas mencionadas emiten 0,2 nanoteslas (la tesla es la unidad de inducción magnética en el sistema internacional)

UN EXPERIMENTO CLARIFICADOR
En suma, la mayoría de los estudios que se han venido efectuando hasta la fecha se basaban en analizar los efectos biológicos de las microondas. Estudios que no tenían en cuenta -o no diferenciaban- los efectos de las frecuencias muy bajas o extremadamente bajas, precisamente las que corresponden a frecuencias de funcionamiento del organismo humano. Además, la mayoría no se han basado en la utilización de un teléfono real sino de un generador que sólo emite la frecuencia portadora y no la de modulación. Y ni siquiera se observaban los resultados sobre un ser vivo sino sobre una cabeza artificial rellena con una solución salina a la que se añadían unos sensores para medir la energía transmitida. Y en esa “cabeza”, como es evidente, no se da la realidad eléctrica y bioquímica del cerebro humano.
Pues bien, existe un experimento que queremos mencionar y que sí ha tenido en cuenta todo eso: un estudio realizado con huevos de gallina (es decir, embriones de un ser vivo) a los que ¡por primera vez! -y esa es la diferencia fundamental con respecto a otros estudios llevados a cabo en laboratorio- se expuso a la radiación electromagnética de un teléfono GSM real. Y ya adelantamos que los resultados de este trabajo -llevado a cabo por el neuroendocrinólogo Youbicier-Simo y Bastide en el laboratorio de Inmunología de la Universidad de Montpellier y confirmados en el laboratorio del profesor Grigoriev, del Instituto de Biofísica de Moscú- son alarmantes. Por supuesto, el teléfono móvil utilizado -que se colocó a tan sólo 10 centímetros de los huevos- tenía las mismas características técnicas que los más extendidos en el mercado: tecnología GSM, emisión de microondas a 0,9 GHz, 2 W de potencia y 1.714 GHz de frecuencia.
Bueno, pues el experimento demostró que cuando se exponían los huevos a la radiación electromagnética de un simple teléfono móvil la mortandad de los embriones pasó del 16% considerado normal -porcentaje sin exposición- al 59%. Un porcentaje de mortandad que se elevaba hasta el 77% cuando entre el teléfono y los huevos se colocaban además presuntos dispositivos de “protección” (en concreto, una rejilla de cobre o una funda protectora del aparato).
Resumiendo, lo observado en el laboratorio por Youbicier-Simo y Bastide puso en evidencia tres cosas:

1) Que cuando se expone un grupo de embriones -seres vivos- a la radiación emitida por un teléfono móvil se produce un notable aumento de mortalidad.

2) Que esa mortalidad aumenta aunque se proteja a los huevos de las microondas emitidas por el aparato con los dispositivos mencionados; y,

3) Que eliminada -o, al menos, reducida- la radiación por microondas lo que queda de la radiación del móvil (es decir, las ondas de frecuencias extremadamente bajas) son más peligrosas aún que la totalidad de la emisión. Hay que añadir que este experimento se efectuó -entre otros varios- para comprobar la efectividad de un nuevo aparato creado por la empresa Tecnolab para proteger a los seres vivos, el Tecno AO, un oscilador de compensación magnética. Pequeño aparato que se presenta en tres modelos diferentes según se use para la protección de las radiaciones emitidas por ordenadores, pantallas de televisión o teléfonos móviles. Un sistema que permite la biocompatibilidad electromagnética entre el móvil y el ser humano sin interferir en las emisiones del móvil o del ordenador.
Asimismo, existen en el mercado otros aparatos que -según sus fabricantes- atenúan el aumento de la temperatura corporal que genera la radiación de microondas de los teléfonos móviles así como los campos electromagnéticos y radiaciones emitidas por los monitores de pantallas de tubo de rayos catódicos utilizados en los ordenadores personales y pantallas de televisión.
En definitiva, los datos aportados tanto en este reportaje como en el de febrero pasado podrían ampliarse notablemente pero son suficientes para dejar claro al lector -ya que quien debe no lo hace- que tanto el teléfono móvil como las antenas de telefonía móvil -entre otros aparatos que emiten radiaciones- pueden perjudicar seriamente su salud. El resto depende de usted. Pero no diga que nadie le había advertido.

Laura Jimeno Muñoz
Nota: damos las gracias por su inestimable colaboración en la realización de este reportaje al doctor Marco Francisco Payá -ex director de docencia en la Facultad de Medicina de París Norte y miembro del International Center for Electromagnetic Biocompatibility-, a Nikolai Klykov -investigador de la Universidad Estatal de Moscú y de la Academia de Ciencias Médicas de Rusia-, a Vicenç Bagué i Borroy -experto en Biocibernética y Medicina Tradicional China-, a la “Asociación de Estudios Geobiológicos” (GEA) y a “TECNOLAB (International Centre of Research in Electromagnetisc BioPhysics)”.



¿QUÉ SON LAS ONDAS ELECTROMAGNÉTICAS?

Todas las señales utilizadas en las telecomunicaciones son ondas electromagnéticas pues, independientemente de la frecuencia de la radiación, la onda portadora de la señal incluye siempre un campo eléctrico y un campo magnético.
Estas ondas son campos eléctricos y magnéticos oscilantes que se desplazan en el espacio en forma de ondas transversales y que difieren en la frecuencia de su oscilación. El campo eléctrico se forma con partículas cargadas estáticamente mientras que el campo magnético se forma con cargas en movimiento. Estos dos campos son perpendiculares entre sí y ambos perpendiculares a la dirección de propagación de la onda. Tienen la misma longitud de onda y se desplazan a la misma velocidad. El campo eléctrico se caracteriza por su intensidad mientras que el campo magnético se caracteriza por su inducción magnética.
Sabemos que una onda electromagnética transporta consigo energía y es en eso en lo que se basa el funcionamiento de una antena de radio, televisión o telefonía, por ejemplo. Cuando reciben las ondas electromagnéticas, los electrones de los átomos de los metales de las antenas de estos aparatos oscilan con los campos eléctrico y magnético, es decir, con la frecuencia de las ondas. El movimiento de los electrones genera una corriente que es la que captan y amplifican los componentes de los aparatos.
Lo que diferencia las ondas electromagnéticas utilizadas en las telecomunicaciones (y, por tanto, artificiales) de otras radiaciones naturales como los rayos gamma, X, ultravioleta o la misma luz visible es la frecuencia de la señal, es decir, el número de oscilaciones por segundo que realizan los campos eléctrico y magnético que forman la onda.
También es importante señalar que alrededor de la fuente de ondas electromagnéticas existen dos zonas: la cercana o zona Z (onda que aún no se ha formado) y la lejana (onda que ya se ha formado) La frontera entre estas dos zonas se encuentra a la distancia de la longitud de onda. En esa zona Z el factor importante de influencia de las ondas electromagnéticas es la orientación espacial entre la persona y la fuente de radiación y también la forma de esta fuente de radiación. En función de esta orientación espacial recíproca la mayor influencia sobre la persona la va a ejercer o la componente magnética o la componente eléctrica de la onda. En la zona Z prevalece la componente del campo eléctrico que es del orden de un 85% de la suma total de la energía de la onda electromagnética que se forma durante el funcionamiento del teléfono móvil o de otro dispositivo electrónico con antena.
La mayor parte de los equipos electrónicos son utilizados por las personas en la zona Z. En el caso de los teléfonos móviles -con una frecuencia de trabajo a 900 megahertzios- la longitud de onda de la radiación emitida es de 30 centímetros. Pero si la frecuencia de trabajo se dobla la longitud de onda se reduce a la mitad (1800 MHz/15 cm.) Tenga estos datos en cuenta porque el espectro de las radiaciones electromagnéticas le afectará más o menos -y de una forma u otra- en función de la frecuencia y de la longitud de onda.



ONDAS ELECTROMAGNÉTICAS Y TEJIDOS BIOLÓGICOS
Puesto que las ondas electromagnéticas penetran en el cuerpo por medios que poseen distintas propiedades físicas (sangre, tejido intersticial, huesos, etc.) la interacción de los mismos también es distinta en cada caso. Lo que sí se sabe es que, a altas frecuencias, la mayor parte de la energía es absorbida por una zona superficial del cuerpo localizada cerca del origen de la radiación. En cuanto a las frecuencias extremadamente bajas, atraviesan tanto materias muertas (madera, la mayoría de los metales, cristal, plástico,…) como tejidos biológicos (compuestos en parte por moléculas electrosensitivas y con actividad electromagnética) sin ser alteradas, reflejadas, bloqueadas o eliminadas. Las alteraciones que provoquen estas radiaciones dependerán de que los sistemas de adaptación, regulación y defensa del organismo sean capaces de corregirlas o no.
También se sabe que el campo eléctrico y el campo magnético tienen efectos diferentes sobre el organismo humano. Así, el eléctrico actúa disminuyendo la energía interna de los tejidos y bajando el nivel de conductividad de, por ejemplo, el sistema nervioso central. El campo magnético actúa justamente al revés. Además, ambos contribuyen a generar turbulencias en los líquidos conductores como la sangre.
Pero el peligro de la radiación radica también en el hecho de que sus efectos biológicos son acumulativos. Los efectos se notan sobre todo a medio o largo plazo aunque hay personas especialmente sensibles que pueden notar efectos importantes a corto plazo (especialmente, niños y personas que padezcan alguna dolencia física). Por otro lado, no son extrapolables los efectos de la radiación sobre personas en estado de vigilia y movimiento -es decir, con metabolismo activo- al de personas con metabolismo basal por encontrarse durmiendo o en reposo. Los efectos de las radiaciones electromagnéticas son más acusados durante el sueño por encontrarse el cuerpo en el estado basal. Así es que, antes de disponerse a dormir, la prudencia manda alejar de sí cualquier aparato -incluido el teléfono móvil- que emita este tipo de radiaciones.


Efectos térmicos/efectos no térmicos.
A pesar de que son muchos los estudios que demuestran que los efectos de las emisiones electromagnéticas pueden ser simultáneamente térmicos y atérmicos, los estándares de seguridad internacionales no contemplan la intensidad de las frecuencias extremadamente bajas de los teléfonos móviles y aparatos radiantes. Simplemente, se consideran inocuas.
Aún así, y teniendo únicamente en cuenta los efectos térmicos, hay varios hechos… extraños. Por ejemplo, los hornos microondas (llamados así por el tipo de onda que generan para producir calor) están equipados con una puerta metálica blindada diseñada para impedir que las radiaciones nocivas se escapen al exterior mientras que los móviles emiten al aire libre, en contacto directo con la cabeza, donde se encuentran los centros nerviosos de la vida y de la inteligencia.
Además, cuando se sabe que sólo son necesarios 10 minutos para asar un pollo en el microondas parece lógico que los investigadores se pregunten si el hecho de hacer o recibir llamadas repetidamente no podría, a la larga, dañar las células y los tejidos del cerebro, incluso teniendo únicamente en cuenta el efecto térmico y aunque éste sea débil.
Lo que parece quedar claro tras la publicación de numerosos estudios (de algunos de ellos dimos cuenta en el citado texto de nuestro número de febrero) es que los efectos térmicos son específicos de las microondas (frecuencias portadoras de la señal) generadas por los teléfonos móviles. En contraste, los efectos no térmicos están vinculados a todo el espectro, desde las frecuencias extremadamente bajas a las más altas frecuencias emitidas o recibidas. Estos efectos biológicos atérmicos provocan disfunciones celulares, disfunciones orgánicas y disfunciones en los sistemas hormonal e inmune.
Por tanto, y en resumen, la creencia de que los efectos adversos para la salud son provocados sólo por el efecto de calentamiento de la radiación GSM es, simplemente, una falacia.
1º) Los problemas de salud que presentan las personas cuando se exponen a este tipo de radiación son evidentes.
2º) Existe numerosa literatura científica que demuestra que tal radiación puede afectar a un organismo vivo en varias formas no térmicas: dolor de cabeza, interrupción del sueño, problemas de concentración y memoria y, en el caso de niños epilépticos, un significativo incremento en la frecuencia de episodios.
3º) La radiación utilizada actualmente en la telefonía móvil puede provocar diferentes reacciones en el organismo humano porque, después de todo, las microondas son ondas y, como tales, tienen más propiedades que la mera intensidad.
4º) El organismo humano, por sí mismo, soporta gran variedad de actividades electrobiológicas, cada una caracterizada por una frecuencia particular, alguna de las cuales están muy próximas a las empleadas por la telefonía móvil.


Radiaciones ionizantes y no ionizantes.
Se llama radiación a toda energía que se propaga en forma de onda a través del espacio. Radiación que puede ser ionizante o no ionizante.
-Las ionizantes son los rayos gamma, los rayos X, los rayos ultravioleta y la energía fotónica. -Las no ionizantes son las ondas de radio, televisión, telefonía móvil, luz visible, etc. Establecida esta clasificación hay que aclarar lo siguiente: cada elemento atómico se caracteriza por un número de protones que es constante pero puede presentar distinto número de neutrones. Y es el número de éstos lo que define a los diferentes isótopos de cada elemento químico. Muchos isótopos son inestables y pueden cambiar su número de masa (suma de neutrones y protones) por emisión de partículas. Y dependiendo de qué tipo de partículas se emitan hablamos de radiación alfa, beta o gamma. Que tienen distinta interacción sobre la materia. Así,
-La radiación alfa queda frenada en las capas exteriores de la piel y no es peligrosa a menos que se introduzca directamente a través de heridas, alimentos, etc.
-La radiación beta es más penetrante ya que se introduce uno o dos centímetros en los tejidos vivos. Y,
-La radiación gamma -o radiación electromagnética de alta energía- es capaz de penetrar profundamente en los tejidos; sin embargo, libera menos energía en el tejido que las alfa o beta. Éstas interaccionan con los átomos y moléculas que se van encontrando a su paso, lo que es mucho más nocivo.

LAS RADIACIONES IONIZANTES
Las radiaciones ionizantes proceden casi todas de fuentes naturales y se trata de radiaciones de muy alta frecuencia estando demostrado que son potencialmente cancerígenas; incluso en pequeñas dosis pueden desencadenar un cáncer al acumularse.
Las fuentes de las radiaciones ionizantes pueden ser:
-La radiactividad natural. Resultado de la inestabilidad intrínseca de una serie de átomos presentes en la naturaleza (uranio, torio, etc) así como la procedente de los rayos cósmicos.
-La radiactividad incorporada (se usan a veces en alimentos y bebidas para esterilizar). -La generada por aparatos médicos (como las radiografías).
-La “basura nuclear”. Es decir, los materiales de desecho radiactivos de la industria nuclear, hospitales y centros de investigación.
-El gas radón. Gas procedente del uranio que se encuentra de forma natural en la tierra. Se encuentra también en materiales de construcción, abonos fosfatados, componentes de radioemisores, detectores de humos, gas natural en los hogares, etc..
-Las explosiones nucleares.

LAS RADIACIONES IONIZANTES
A las radiaciones naturales se ha unido en el último siglo un amplio número de aparatos que generan radiaciones artificiales: maquinaria industrial, líneas eléctricas, electrodomésticos, telefonía móvil, aparatos de telefonía, antenas, ordenadores, electrodomésticos, etc., que nos exponen a diario a una radiación adicional. La mayor parte de las cuales son no ionizantes. Y, con alguna excepción, su radiación es más débil que la generada por los campos electromagnéticos naturales. El problema es que la exposición a ella suele ser más continuada y directa. Y además, son más armónicas. Algo importante porque, debido al efecto de biorresonancia, las de muy baja frecuencia pueden interferir en la comunicación celular y orgánica del organismo y alterar los flujos celulares de algunos iones, sobre todo el calcio, lo que puede tener efectos biológicos importantes.
Por otra parte, los campos electromagnéticos artificiales emiten microondas que provocan vibraciones moleculares que producen calor -de ahí su empleo doméstico e industrial- y pueden provocar quemaduras a partir de una determinada cantidad de radiación absorbida.
En cuanto a la posibilidad de que las radiaciones no ionizantes provoquen cáncer hasta ahora se mantenía que, en todo caso, podrían actuar como promotores tumorales con escaso o nulo poder inicial para convertir genes normales en oncogenes pero la reciente asociación con leucemias infantiles y la existencia de estudios recientes apunta que es más que posible.


Frecuencia

Origen

Cambios físicos y químicos

Penetración detejido

3 MHz a 300 MHz

-Radioteléfonos
-juguetes
-teledirigidos
-emisoras
-radio
-televisión

-La resistencia de las membranas celulares disminuye un 20%.-Se polarizan los tejidos.-Activación de la oxidación celular.
-Desplazamiento de las moléculas de gran amplitud.
-Aumento de la concentración de iones de calcio Ca2+.-Máximo de calor en las células óseas, en los intersticios y en el tejido nervioso.

No descrito

De 300 MHz a 3 GHz (3.000 MHz)

-Telefonía móvil,
-TV
-Informática

-Alteración del citoesqueleto y de las membranas (de las neuronas y de las células sanguíneas)
-Cambios de la permeabilidad y de las propiedades funcionales de las membranas celulares).
-Activación de la síntesis de ácidos nucleicos y proteínas en las células-Dilatación de los capilares.
-Activación del sistema endocrino.-Estimulación de los procesos tiroideos.
-Disminución de la presión arterial.
-Máxima cantidad de calor en la sangre, la linfa y los tejidos musculares.
-Recalentamiento de la piel (por ejemplo, “efecto oreja caliente”).

Tejidos con poco contenido en agua (nervioso, óseo, intersticial, tendinoso) hasta 26 centímetros

De 3 a 30 GHZ

-Hornos microondas
-comunicaciones espaciales
-industria

-Influencia en el sistema endocrino.
-Aumento de la tiroxina, la insulina y la cortisona en el plasma sanguíneo.
-Aumenta la temperatura de la piel entre 3 y 5 ºC mientras que en las capas profundas aumenta hasta 5 ºC.
-Cambios en el sistema adreno-simpático.

Tejidos con alto contenido en agua (sangre, linfa, tejido muscular, parénquimas) hasta 3,6 centímetros


LAS ANTENAS DE TELEFONIA MOVIL SÍ SON PELIGROSAS

Septiembre 26, 2008

Fuente: dsalud.com

Que las radiaciones electromagnéticas pueden afectar gravemente a la salud de todos los seres vivos no es discutible por mucho que algunos se empeñen en negarlo. La evidencia la dan los hechos: son decenas de miles las personas que han enfermado -y muchas, muerto- a consecuencia de ellas. Y cuando alguien afirma que no está demostrada “científicamente” la causa de todas esas enfermedades y muertes demuestra que es un ignorante o un manipulador. Existen estudios científicos suficientes para afirmarlo. Aunque las empresas implicadas tengan tanto poder como para silenciarlos financiando otros estudios con la intención de sembrar la duda. Ya lo hicieron en su momento las compañías tabaqueras que se pasaron décadas afirmando también que no estaba “científicamente” demostrada la relación del tabaco con el cáncer.

A muchos lectores les sorprenderá, teniendo en cuenta las declaraciones oficiales asegurando que no hay “evidencias científicas” de que la telefonía móvil sea peligrosa, que sea tan rotundo afirmando que sí existen. Pero lo mantengo. Como mantengo que quienes lo niegan tienen la misma información que yo.
En los recuadros que acompañan este artículo el lector podrá ilustrarse con datos que le servirán para reflexionar. Por mi parte, tengo intención de dar a conocer los trabajos que evidencian los peligros de la radiación electromagnética. Y no sólo de la telefonía móvil. Pero empezaré a hacerlo el próximo mes. En este instante prefiero que el lector tenga conocimiento de que mis afirmaciones no son producto de una creencia personal con escaso fundamento. Y afirman lo mismo ilustres científicos a los que, o no se escucha, o se les ignora. Veámoslo.
La Dirección General de Investigación del Parlamento Europeo recibió en su departamento de Evaluación de Opciones Científicas y Tecnológicas un informe (su resumen fue publicado en marzo del pasado año) titulado “Los efectos fisiológicos y medioambientales de la radiación electromagnética no ionizante” que fue elaborado conjuntamente por el Instituto Internacional de Biofísica de Neuss-Holzheim (Alemania) bajo la dirección del prestigioso doctor G. Hyland y el Departamento de Física de la Universidad de Warwick (Gran Bretaña). Pues bien, en él, además de todo tipo de consideraciones científicas sobre los peligros de la telefonía móvil, se hacen -a modo de conclusiones- varias recomendaciones muy concretas en la confianza de que tanto el Parlamento Europeo -en su calidad de órgano legislativo- como la Comisión Europea -en tanto órgano ejecutivo- las tuviesen en cuenta. ¿Y cuáles son? Pues veámoslas.

RECOMENDACIONES AL PARLAMENTO EUROPEO
El primer punto del informe en este sentido no deja lugar a dudas. Porque en él se dice textualmente lo siguiente: ” Se desaconseja enérgicamente que los niños (sobre todo, los adolescentes) utilicen de forma prolongada y sin necesidad teléfonos móviles por su creciente vulnerabilidad a posibles efectos perjudiciales para la salud.” Rotundo, ¿no? Pues inmediatamente a continuación echa un rapapolvo a las compañías implicadas: “La industria de la telefonía móvil debería evitar fomentar el uso prolongado de teléfonos móviles por parte de los niños utilizando tácticas publicitarias que explotan la presión de los compañeros y otras estrategias a las que los jóvenes son susceptibles, como la utilización (ahora interrumpida) de personajes DISNEY en los teléfonos.”
La verdad es que hay ocasiones en que sobran los comentarios. Así que me voy a permitir transcribir -literalmente- las demás recomendaciones:

* “La industria de la telefonía móvil debería aclarar a los consumidores que el coeficiente de absorción específica (CAE) -que en algunos países aparecerá en breve anunciado en el aparato- sólo hace referencia al grado en que las emisiones de microondas desde la antena pueden calentar el tejido biológico y que, de ningún modo, es aplicable a los efectos no térmicos que las emisiones de un teléfono móvil tienen sobre el usuario.”

* “La eficacia de aparatos tales como carcasas protectoras y auriculares ha de demostrarse teniendo en cuenta pruebas biológicas y no sólo la reducción del valor CAE (determinado por la utilización de cabezas “imaginarias”) que podría conseguirse con el uso de tales protectores. Debe explicarse al consumidor que tales aparatos no proporcionan protección contra el campo magnético de impulso de baja frecuencia procedente de la batería del teléfono.”

* “En cuanto a los mecanismos de protección personal con los que se pretende mejorar la inmunidad del usuario contra las repercusiones negativas de la exposición (entre ellas las que proceden del campo magnético de la batería) puede decirse que:
a) La eficacia de estos mecanismos debe establecerse mediante pruebas biológicas.
b) Tales mecanismos no deben ser rechazados
(como ha sucedido en ciertas encuestas de consumo publicadas) alegando únicamente que su uso no reduce el CAE, según la medición obtenida utilizando una cabeza “imaginaria” puesto que no es esto para lo que se les ha diseñado.
Por consiguiente, el CAE es aquí una medida fundamentalmente inapropiada para evaluar su eficacia.

Aunque el texto es claro voy a comentarlo para los no expertos. El informe explica que decirle a los consumidores cuál es el grado de absorción por los tejidos del cuerpo de las radiaciones -eso es el CAE- no basta para determinar el grado de peligrosidad del aparato. Porque eso sólo indica el grado de calentamiento, la elevación de temperatura que las microondas provocan en él, sobre todo en la cabeza. Y no basta porque las microondas tienen otros efectos negativos no térmicos; es decir, que además del peligroso aumento de temperatura en los tejidos hay otros efectos igualmente peligrosos (en realidad más, como explicaré en su momento). Eso es precisamente lo que llevó a los autores del informe a sugerir varias opciones de actuación a la Comisión Europea. Y lo hace descalificando cómo se han hecho las investigaciones efectuadas hasta ahora. Así, en su primera recomendación aconsejan que las próximas investigaciones que patrocine la Unión Europea se hagan sobre “organismos vivos” y no con cabezas artificiales rellenas de una simple solución salina (cabezas fantasma las llaman) donde la realidad bioquímica del cerebro no existe y con “teléfonos móviles” reales y no con “sustitutos” -generalmente campos generados artificialmente- “puesto que las emisiones tienen una repercusión biológica bastante diferente a consecuencia de ciertas diferencias en la frecuencia de los impulsos.” Asimismo, se sugiere que se “preste una especial atención a las diferencias en las condiciones de exposición: si la exposición es resonante con respecto al tamaño, si se encuentra cerca o lejos de] campo de la antena, y si afecta a todo el cuerpo o es más localizada.”
Dicho de otro modo: es difícil encontrar evidencias científicas de algo cuando no se quieren encontrar. Y la mayor parte de los experimentos no se han hecho adecuadamente, es decir, con seres vivos y teléfonos reales. Eso sí, sirven para ganar tiempo y confundir a la opinión pública. Con la complicidad de algunos medios de comunicación que no quieren perder los sustanciosos ingresos que la publicidad de este sector les proporciona. Luego siempre podrán escudarse en que ellos se atuvieron a reflejar lo que decían los informes “científicos”. Y no tanto para tranquilizar sus conciencias sino para justificarse ante sus lectores, oyentes o telespectadores. Salvo que en realidad sean, sin más, unos incompetentes profesionalmente.
Asimismo, se aconsejan otras cosas:

* Que “se investigue de forma sistemática la influencia de los diferentes tipos de impulsos (de teléfonos reales) sobre el EEG (electroencefalograma humano) y, en el mejor de los casos, sobre el MEG (magnetoencefalograma) y sobre si alguno de los cambios observados en los espectros de potencia tienen correlación con los cambios en el nivel de caos determinista.”

* Que se utilicen “tecnologías nuevas no invasivas como la emisión de biofotones para investigar la influencia de la radiación de los teléfonos móviles en los organismos vivos.”

* Que a la hora de evaluar los efectos de la radiación de los teléfonos móviles “se preste mayor atención a las lecciones aprendidas de la exposición a otros tipos de campos de radiofrecuencia afines como los Skrunda, los radares de policía y los militares.”
-Que conociendo el negativo efecto que las microondas han tenido sobre el ganado vacuno que se encontraba en granjas en las que había una estación base de telefonía “debería establecerse un servicio de control veterinario que recogiera y analizara tales informaciones para difundirlas entre los ganaderos y fueran conscientes de este peligro potencial para su ganado.”

* Y, por último, que “debería incrementarse (quizás bajo la tutela de organismos reguladores nacionales) el conocimiento de la naturaleza electromagnética de los organismos vivos y su consiguiente hipersensibilidad a las señales electromagnéticas ultradébiles y coherentes.”
Y es que, como dice el informe, “lo que distingue a los campos electromagnéticos producidos tecnológicamente de la mayoría de los naturales es su mayor grado de coherencia. Eso significa que sus frecuencias están especialmente bien definidas y, por tanto, son más fácilmente perceptibles por los organismos vivos, entre ellos, los humanos. Lo cual incrementa su potencial biológico y “abre la puerta” a la posibilidad de distintos tipos de influencias no térmicas de frecuencia específica contra las cuales las directrices de seguridad -como las emitidas por la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante- no garantizan protección. “
Este último punto, debo añadir por mi parte, es crucial. Porque, contra lo que se dice y afirma, el mayor peligro de la telefonía móvil no está en su efecto térmico -que también- sino en las bajas frecuencias, en aquellas que se creen inofensivas porque no provocan aumento de calor. Y la razón es simple: actúan interfiriendo la comunicación celular de los seres vivos. Y, por tanto, provocar -entre otras muchas disfunciones- cáncer. Lo explicaré en detalle el mes que viene.
No quiero, en todo caso, terminar este primer texto introductorio sin recoger algunas otras expresiones significativas del informe que estoy comentando. Creo que su simple trascripción ilustrará al lector:

* En la actualidad, una de las principales amenazas para la salud de la sociedad es la “electrocontaminación” producida por el hombre. Esta contaminación electromagnética no ionizante de origen tecnológico es especialmente perniciosa porque escapa a la percepción de los sentidos, circunstancia que tiende a fomentar una actitud bastante inconsciente en relación con la protección personal. Con todo, la naturaleza de la contaminación es tal que, literalmente, “no hay lugar donde esconderse”. Además, dado el tiempo relativamente escaso durante el cual la humanidad se ha visto expuesta a ella no tenemos ninguna inmunidad evolutiva ni contra los efectos nocivos que directamente pudiera tener sobre nuestros cuerpos, ni contra las posibles interferencias con los procesos electromagnéticos naturales de los que depende la homeostasis.

* Los intentos por abordar un problema que es intrínsecamente no lineal desde una perspectiva lineal solo empeora las cosas: el conocimiento obsoleto es peor que la ignorancia. El ignorante, por lo menos, sabe que no sabe. En el caso de la telefonía móvil, no sólo ha habido poca disposición por parte de los organismos oficiales para “coger la cuestión no lineal por los cuernos” sino un lamentable fracaso a la hora de prestar atención a las señales de perjuicio para humanos y animales causado por la exposición a campos de impulsos de microondas de intensidad subtérmica.

* Con bastante razón, la gente sigue siendo escéptica ante los intentos de dar noticias tranquilizadoras por parte del gobierno y de la industria del sector, sobre todo, teniendo en cuenta la forma inmoral en que con frecuencia actúan simbióticamente a fin de promover intereses creados, a menudo bajo el corretaje de los organismos reguladores cuya función, según cabe suponer, es asegurar que la seguridad de la gente no se vea comprometida por la exposición electromagnética. Claro que teniendo en cuenta la reciente experiencia con la duplicidad oficial respecto a la Encefalopatía Espongiforme Bovina o Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (con las garantías iniciales de inexistencia de riesgo y las posteriores revelaciones de encubrimientos) es comprensible que la gente sea cauta sobre las garantías que ofrecen las fuentes científicas estatales “oficiales” respecto a la contaminación electromagnética. Este escepticismo se intensifica cuando, en el peor de los casos, se silencian las opiniones contrarias al juicio oficial y, en la mejor de las ocasiones, se ignoran cuidadosa y deliberadamente.

* La preocupación de la gente no es infundada y la ironía de la situación actual respecto a los teléfonos móviles y las estaciones base es que las directrices de seguridad existentes, sorprendentemente, proporcionan mayor protección a la instrumentación electrónica que a los seres humanos
¿Empieza a creerme el lector? Lo que le hecho llegar no es la elucubración de un grupo de alterados sino un informe científico editado -infiero que bien a su pesar- por el servicio de publicaciones del propio Parlamento Europeo y elaborado por científicos de renombre mundial. Y ahora continúe, si le place, escuchando los tranquilizadores mensajes de nuestras autoridades. Por mi parte, lo reitero una vez más: no nos van a callar. Ni en éste ni en otros muchos temas.

José Antonio Campoy



Demasiados casos
casos Los casos de cáncer generados por las ondas y campos electromagnéticos son conocidos y se han publicado en todo el mundo. Incluso en España. Veamos algunas de las noticias más recientes publicadas al respecto y que son sólo una pequeña muestra de la realidad.

* Ronda (Málaga). En Ronda está confirmada la existencia de diez casos de cáncer entre profesores, alumnos y personal de tres institutos situados en el barrio de El Fuerte. Y hay antenas de telefonía móvil situadas a escasos metros de ellos. En el Instituto Rodríguez Delgado se detectaron 6 casos; además, el anterior director del centro y una alumna murieron de cáncer. En el Instituto Pérez de Guzmán se han registrado ya dos muertes por cáncer: la del jefe de estudios hace tres años y la de una alumna de 20 años hace dos meses. Y en el Instituto Martín Rivero otros dos: un profesor y uno de los alumnos.

* Valladolid. Cuatro alumnos del Colegio García Quintana, situado a 100 metros de un edificio en cuya azotea hay instaladas 36 antenas de radiotelefonía, padecen leucemia. Dos más, alumnos de otro centro educativo cercano, han recibido el mismo diagnóstico. A ellos se suman cinco casos de cáncer confirmados entre los residentes del edificio colindante al “edificio repetidor”.

* Madrid. En los números 2, 4 y 6 de la calle General Millán Astray -en el barrio de Aluche de Madrid- vivían 48 vecinos. Uno de ellos, Eladio Trell, de 55 años, falleció en marzo pasado a causa de un linfoma que le consumió en apenas un año. Según Amelia, su viuda, era un hombre fuerte y sano que nunca fue propenso a ninguna enfermedad. Antes que Eladio, el vecino de arriba había muerto también de cáncer y su mujer perdió un pecho a causa de otro cáncer. El vecino de al lado lleva tres años luchando contra un linfoma y uno del tercer piso ha fallecido en diciembre también de cáncer. Los vecinos supervivientes tienen clara la explicación: la antena de telefonía móvil que tienen enfrente.

* La Coruña. Veinte personas han fallecido en menos de un año en la coruñesa Calle de los Claveles. Los vecinos han llegado a la conclusión de que tantas muertes repentinas no pueden deberse a la casualidad y las atribuyen a la antena de telefonía móvil que luce en el tejado de uno de los edificios de esta calle. Infartos cardiacos o derrames cerebrales nutren los partes de defunción de la mayoría de los vecinos. Otra de las muertes se debe al suicidio de una joven que se arrojó por la ventana. Sufría, al igual que decenas de afectados de esta calle, constantes dolores de cabeza y no podía conciliar el sueño. Uno de los peores casos es el de una niña de 3 años que desde septiembre y sin causa aparente sufre ataques epilépticos.

* San Adrián (Navarra). El Ayuntamiento de la población de San Adrián pidió en mayo pasado a las tres compañías de telefonía móvil con instalaciones en el lugar que trasladaran sus antenas fuera del casco urbano. El motivo de esta petición es la ingente cantidad de reclamaciones y quejas recibidas por el consistorio por parte de los vecinos de las calles donde se encuentran los repetidores. Montserrat García, una vecina de 36 años, cuenta que los cuadros de insomnio, jaqueca y vértigo que sufre empezaron al poco de que se instalara una de esas antenas justo al lado de su casa. Eso mismo, además de otros síntomas como fatiga crónica y debilidad muscular, les ocurre a decenas de vecinos, incluso niños de 12 años, algunos de los cuales llevan meses en cama a causa de ello.

* Badalona (Barcelona). Tras cinco meses de alquiler y un extenso dossier de visitas al hospital, la familia de Rosario Espino decidió volver a su casa cuando supo que la antena repetidora de telefonía colocada a pocos metros de su balcón y que les había torturado durante meses se había quemado por recalentamiento. “Mucho antes de irnos nos dimos cuenta de que los mareos, la fiebre, las migrañas y las convulsiones de mi nieto eran por culpa de la antena”, asegura Rosario. Ahora su temor es que vuelvan a instalarla.
También en Badalona viven Francesc Martí y su familia. “La antena -cuenta Martí- la instalaron en octubre de 1999. Enseguida uno de mis hijos y yo empezamos a sentir molestias, dolores de cabeza, fatiga e insomnio que no tardamos en asociar con ella. Nuestra casa está en el último piso y la antena a pocos metros de nuestros dormitorios”. Sería el cese temporal de la actividad de dicha antena y la mejoría de sus síntomas en ese mismo tiempo lo que confirmó las sospechas de esta familia.

Sentencia pionera
En febrero se cumple un año desde que se hizo pública la primera sentencia que en España paralizaba la actividad de una antena de telefonía móvil por motivos de salud. En concreto, el Juzgado de Primera Instancia nº 2 de Bilbao obligó a Airtel a suspender la actividad de una de sus antenas -la instalada en la azotea del número 24 de las calle Obieta de la población de Erandio-, inmueble en el que residían Juan Carlos Castro, su mujer y su hija, una niña hiperactiva de 7 años.
La familia Castro había acudido al juzgado después de que la comunidad de vecinos autorizara la instalación de un repetidor de telefonía móvil en el tejado del inmueble y de que tuvieran conocimiento de los posibles efectos perniciosos de las radiaciones no ionizantes de la instalación sobre la salud de su hija. Antes de presentar la denuncia, el matrimonio había pedido la opinión de Ángel González Guija, ex director del Centro Nacional de Psiquiatría, que hizo un informe clínico de la menor y certificó que “en manera alguna deben situarse este tipo de antenas cerca de personas con patología del sistema nervioso. No podemos correr el menor riesgo de que determinadas situaciones originadas por estímulos externos y basadas en el avance tecnológico puedan dar lugar a graves perjuicios para la salud, añadidos a su patología neurológica, agravando ésta o creando otras nuevas”. La sentencia en firme, después de los recursos interpuestos por Airtel -hoy Vodafone- llegó en julio del 2001 y consideraba “probable que la exposición a las radiaciones de las antenas de telefonía móvil afecte a la salud”. Desde entonces, la antena está inactiva. Esta sentencia pionera debería sentar precedente y dar la vuelta a la tortilla: ahora las empresas deberían demostrar que las radiaciones son inocuas y no al revés.

Laura Jimeno



Numerosas investigaciones con datos concluyentes
* La primera señal de alerta sobre el peligro potencial para la salud de los campos electromagnéticos -de la que tengamos constancia- se dio en la ex Unión Soviética en 1972 cuando el científico V. P. Korobkova observó extraños síntomas en los trabajadores del sector eléctrico, sometidos constantemente a campos electromagnéticos intensos. Personas que presentaban cambios continuos de presión arterial, cefaleas persistentes, fatiga excesiva, estrés y depresiones agudas. Los resultados de ese estudio moverían al gobierno de la URSS a dictar una ley -aún en vigor en Rusia- según la cual las líneas de alta tensión deben situarse a una distancia mínima de 110 metros de cualquier edificio habitado.

* Otro ingeniero, el alemán Egon Eckert, llevó a cabo en la década de los setenta un estudio que concluía que la mayoría de los casos de muerte súbita de lactantes se producía en las cercanías de vías electrificadas, emisoras de radio, radares o líneas de alta tensión.

* La primera sospecha de que los campos electromagnéticos de muy baja frecuencia (hasta 300 hz) estaban vinculados a casos de cáncer no apareció hasta 1979 cuando los doctores Nancy Wertheimer y Ed Leeper publicaron los resultados de un estudio en el American Journal of Epidemiology (vol. 109 pp 273-284) sobre muerte infantil ocasionada por cáncer en Denver, Colorado (EE.UU.) El estudio demostraba que los niños tenían una probabilidad de dos a tres veces mayor de desarrollar leucemia, linfomas o tumores en el sistema nervioso si vivían cerca de una línea eléctrica de alta tensión que si no vivían en esas condiciones. Obviamente, las críticas a este trabajo no se hicieron esperar pero se limitaron a atacar el trabajo de Wertheimer y Leeper diciendo que no proporcionaban datos sobre la intensidad de campo en el aspecto físico del análisis, ni sobre los orígenes socioeconómicos de la población en la vertiente estadística del estudio.

* Tras la realización de varios estudios a principios de los 80 aparece en 1986 uno de los trabajos de más impacto. Su autor, el doctor David Savitz, catedrático de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.), repitió el trabajo de Leeper y Wertheimer con mejor método epidemiológico obteniendo conclusiones similares: relación entre un elevadísimo riesgo de cáncer infantil y la presencia de líneas eléctricas circundantes de alta potencia, creadoras de fuertes campos electromagnéticos.

* La investigación continuó en la Universidad del Sur de California en Los Ángeles (EE.UU). Un informe de 1991 descubriría vínculos entre la leucemia infantil y determinada distribución de la acometida (cableado) eléctrica en algunos hogares así como entre leucemia y la utilización de televisores en blanco y negro y secadores de pelo. Sin embargo, la falta de traza estadística significativa vinculada a medidas de intensidad de campo efectuadas a lo largo de 24 horas hicieron perder fuerza a las conclusiones que apuntaba el estudio.

* En Argentina, un estudio llevado a cabo por el profesor Adolfo Portela -miembro del Centro de Divulgación Científica de dicho país- establecería la zona de mayor riesgo en el rango de las radiofrecuencias entre los 30 y los 300 megahertzios que es precisamente la frecuencia más utilizada en los enlaces de las telecomunicaciones de corta distancia, en emisoras de radio y TV y en la telefonía móvil. Según este estudio, la exposición severa a estas radiaciones afecta principalmente a la vista, al sistema nervioso central, al hígado y a las glándulas de secreción interna.

* Mientras tanto, un estudio finlandés de 1991 realizado con niños que vivían dentro de un radio de 500 m en la proximidad de líneas de muy alta tensión no encontró un aumento significativo en la susceptibilidad a la leucemia y al linfoma aunque encontró un aumento de tumores en el sistema nervioso en jóvenes expuestos a campos magnéticos superiores a 0.2 microteslas.

* En 1992 los científicos María Feychting y Anders Ahlbom -del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia)- presentaron las conclusiones de uno de los estudios más concluyentes sobre la relación de los campos electromagnéticos generados por las líneas de alta tensión y el riesgo de padecer cáncer y leucemia por las personas que viven en su entorno. El trabajo se diseñó como un estudio de control por casos basado en una población que comprendía a todas aquellas personas que hubieran vivido en casas situadas dentro de un radio 300 metros de distancia de líneas de alta tensión de entre 220 y 400 voltios, en un periodo desde 1960 a 1985. Se estudió a medio millón de personas. Textualmente, el informe final dice: “Los resultados proporcionan una base para sostener la hipótesis de que la exposición a campos electromagnéticos aumenta el riesgo de cáncer; y ello resulta especialmente evidente en la leucemia infantil”.

* Otro estudio sueco, en este caso dirigido por el oncólogo Lennar Hardell en 1992 pero publicado más tarde, contribuía a evidenciar más aún el eslabón campo electromagnético-cáncer. Mostraba que el riesgo de desarrollo de leucemia en niños que viven en entornos de campos magnéticos de al menos 0.2 microteslas, comparado con aquellos que viven en entornos de campo más débil (0.1 microteslas), era tres veces mayor y se cuadriplicaba cuando la intensidad era 0.4 microteslas. Es decir, el estudio vinculaba intensidad de campo a riesgo. Los investigadores suecos calcularon la intensidad media de campo durante un año a partir de registros de intensidad detallados de las propias compañías eléctricas. Tras la publicación de esos resultados, el Gobierno de Suecia llegó a reconocer la incidencia de los campos magnéticos generados por la línea de alta tensión en las crecientes estadísticas de los casos de leucemia infantil.

* En un documental, emitido por la cadena de televisión inglesa BBC en 1997, John Holt -cirujano y radioterapeuta de Darwin (Australia)- afirmó tener evidencias de la relación entre la evolución de ciertos cánceres situados al nivel de la cabeza y el teléfono móvil. Según el doctor Holt, él mismo había podido constatar en 20 de sus pacientes que el cáncer evolucionaba más rápido -hasta en un 20%- con la permanencia en la zona de influencia del campo electromagnético generado por el aparato. “Esa evolución más rápida tenía que deberse necesariamente -afirma este investigador- al calentamiento de las células por las microondas emitidas por el móvil ya que se ha observado que las células se recuperan vitalmente cuando son alejadas del teléfono”.

* Más recientemente, científicos de la Universidad de Heidelberg (Alemania) han demostrado que los cables eléctricos de 220 voltios y 50 Hz instalados en las viviendas generan campos que elevan la presión parcial del oxígeno en sangre además de los valores de hemotocrito.

Laura Jimeno



Radiaciones y aborto
La conexión existente entre abortos de tipo natural y la exposición a campos magnéticos está también estudiada. Esta vinculación se sugirió por primera vez a finales de 1970 cuando se registró en Estados Unidos y Canadá un número significativo de abortos espontáneos y malformaciones en recién nacidos en madres que trabajaban con pantallas de monitor de televisión. La investigación se efectuó inicialmente en California como consecuencia de una fuga de pesticida. Se intentaba contabilizar el número de mujeres embarazadas que podían haber sufrido las consecuencias de la fuga en términos de abortos, malformaciones en el feto, etc… Curiosamente, no se encontró una relación directa con la fuga del pesticida pero la investigación reveló que había un incremento del 73% en la aparición de abortos espontáneos en las mujeres que utilizaban pantallas de televisión alrededor de 20 horas por semana durante el primer trimestre de embarazo. También se encontró un aumento de malformaciones congénitas aunque no era estadísticamente significativo. Otro trabajo ilustrativo fue publicado en 1992 en Helsinki por el Instituto de Seguridad e Higiene en el Trabajo de Finlandia. En aquel estudio se comparaban exposiciones ante campos magnéticos producidos por terminales de vídeo observándose que las mujeres embarazadas expuestas a campos de 0.3 microteslas tenían un riesgo 3 veces mayor de sufrir abortos espontáneos que otras expuestas a 0.1 microteslas. Aquellas que estaban expuestas a campos entre 0.2 y 0.3 microteslas tenían un riesgo doble de aborto espontáneo. En este caso, la duración de la exposición no tenía un efecto añadido importante.

Laura Jimeno



Estudios sobre riesgo laboral
Los epidemiólogos han buscado también respuestas a los efectos de los campos magnéticos en trabajadores expuestos, en razón de su oficio, a altos niveles de radiación electromagnética. El ejemplo más evidente lo constituyen los trabajadores de las compañías eléctricas.
Esta área de investigación fue iniciada en 1982 por Samuel Milhom Jr, un epidemiólogo del Instituto de Seguridad e Higiene en el Trabajo del Estado de Washington. El doctor Milhom analizó las causas de la muerte en el estado de Washington de 438.000 personas entre 1950 y 1979 que tenían en común haberse dedicado a profesiones sometidas a la influencia constante de campos eléctricos y magnéticos. El resultado fue una proporción de muerte por leucemia muy elevada con respecto a la población general. Globalmente, encontró 137 casos de cáncer en estos trabajadores sobre 100 casos esperados en una población estándar.
Otros estudios, como el realizado en la Universidad de Pittsburgh (Pensilvania, EE.UU), encontraron que los trabajadores de una factoría de aluminio, en la que altas intensidades de corriente forman parte del proceso de refinado y producción, morían de leucemia y linfoma a un ritmo 5 veces superior al esperado en muestras de población no expuesta.- Y otro estudio de la Universidad del Sur de California (EE.UU) demostraba que los trabajadores de compañías eléctricas -operadores de líneas- tenían una probabilidad entre un 20 y un 30% más que los operadores de línea del sector telefónico de contraer leucemia. Y que los que pasaban la mayor parte de su tiempo expuestos a campos de gran intensidad tenían 2,3 veces mayor riesgo que los no expuestos de desarrollar leucemia mieloide.

Laura Jimeno



Sumergidos en un mar de radiaciones
Es verdad que los seres vivos del planeta Tierra hemos estado a lo largo de toda la evolución expuestos a muy diversas radiaciones electromagnéticas -terrestres, solares o cósmicas- pero no es menos cierto que los niveles de intensidad de determinadas frecuencias se han visto multiplicados por cientos, miles o millones de veces en lo que va de siglo. Nuestro espacio vital actual está repleto de ondas electromagnéticas de baja y alta frecuencia de procedencia totalmente artificial. Entre las de alta frecuencia hallamos fuentes tan familiares como las líneas de alta tensión, los transformadores eléctricos, las instalaciones eléctricas domésticas, los electrodomésticos, las maquinarias eléctricas y todos los equipos informáticos -sobre todo, los ordenadores con pantalla de tubo catódico-. Y, entre las de baja frecuencia tenemos las emisoras de radio y de televisión, las emisoras de radioaficionados o de uso civil -policía, ambulancias, transportistas, transmisión de datos…- y las redes de telefonía móvil, de control de tráfico aéreo -con sus radares- y los cada vez más numerosos satélites de telecomunicaciones, bien meteorológicos, bien militares. A lo que deberemos sumar los mecanismos de mando a distancia por ondas de radio y los sistemas de vigilancia “permanente”.

Síntomas del “estrés electromagnético”
Los síntomas que detallamos a continuación son los que a día hoy han podido relacionarse con la exposición a campos electromagnéticos pulsados emitidos por los teléfonos celulares así como por las pantallas de ordenador y de televisión. Conjunto de síntomas o “síndrome” de lo que ha terminado denominándose “estrés electromagnético” y cuyos efectos sobre el organismo, según los trabajos de Clements - Croome en la Universidad de Reading (Gran Bretaña), son los siguientes:

Sobre el sistema nervioso:
· Insomnio.
· Angustia.
· Depresión.
· Trastornos de la atención, de la concentración y de la rapidez.
· Trastornos de memoria.
· Dolores de cabeza.
· Irritabilidad, parestesias, espasmofilia.
· Desregulación de los ritmos circadianos por modificación de la secreción nocturna de melatonina.

Sobre el sistema vascular:
· Hipertensión arterial (con la particularidad de resistir a los diferentes fármacos -solos o asociados- probados por el paciente).
· Aumento de la viscosidad de la sangre con todas sus consecuencias.
· Alteraciones del ritmo cardiaco.

Sobre el sistema inmunitario:
· Alteración de la viabilidad de los linfocitos.
· Alteración de las secreciones de las diferentes inmunoglobulinas.
· Disminución de la secreción de ACTH y de corticoesteroides. (El resultado es una disminución de la resistencia a las infecciones así como de cansancio y aumento de las alergias).

Sobre el sistema visual:
· Ojos rojos con lágrimas que pican, sequedad y visión borrosa.
· Modificación de la convergencia cuya consecuencia es una modificación del tono postural.
· Interferencias con ciertos tratamientos de glaucoma.

Sobre el sistema osteoarticular:
· Adaptación de los diferentes captores electromagnéticos cuya consecuencia es una modificación de posición del cuerpo en el espacio con dolores que se vuelven crónicos (desaparecen cuando hay más de 4 o 5 días de descanso).
· Dolores, calambres, rampas, articulaciones tensas.

Sobre el sistema cutáneo:
· Piel seca con descamación.
· Picazón.
· Urticaria.
· Sensibilidad aumentada al herpes.

¿Inciden los campos electromagnéticos sobre los seres vivos?
La respuesta es afirmativa. Son varias las investigaciones efectuadas hasta hoy -y no sólo utilizando tejidos en el laboratorio- que demuestran sin lugar a dudas la interacción de los campos electromagnéticos con los seres vivos y, consecuentemente, con los seres humanos. Es más, a día de hoy se han efectuado incluso estudios que desarrollan sistemas de compensación electromagnética que permiten disminuir de manera eficaz los efectos secundarios de la exposición a tales campos electromagnéticos. Con la misma metodología científica convencional que se utiliza por la industria farmacéutica para desarrollar medicamentos. Trabajos que han sido publicados en congresos y revistas científicas (Bioelectromagnetics, Radioprotecçao, NIR-IRPA, EBEA, BEMS, PIERS…) Es más, se cuenta con experimentos realizados con teléfonos móviles, antenas y repetidores de telefonía móvil en los que se han analizado sus efectos biológicos y cómo llegan a menguarlos métodos de protección como la técnica de compensación magnética (CMO).

CONSECUENCIAS PATOLÓGICAS DE LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS
Hay quienes argumentan que, aun admitiendo que los campos electromagnéticos inciden sobre el organismo, ello no demuestra por sí mismo que tengan necesariamente un “efecto biológico”. Es decir, que no tienen por qué provocar disfunciones patológicas. Sin embargo, los hechos demuestran que es así. Es decir, indican que los campos electromagnéticos pueden interaccionar en el organismo tanto a nivel celular como genético afectando especialmente al sistema inmunitario. Estudios como el de los profesores Clements y Croome, según el cual las principales alteraciones o perturbaciones en el organismo se producen en los siguientes ámbitos:

1) En el ión calcio. El ión calcio esta implicado en la activación de varias enzimas del organismo y su acumulación en el interior de la célula hace suponer que hay un incremento de las funciones de esas enzimas; por ejemplo en la apófisis, donde se ha medido un aumento de la síntesis y de la excreción de la ACTH. Con variaciones de concentración -tanto intra como extracelulares- que obligan al organismo a “regular” esos niveles creando un estado de estrés electromagnético que lo termina agotando a largo plazo. A fin de cuentas, los desplazamientos iónicos del calcio traen como consecuencia el desplazamiento inverso de otros iones como el del magnesio. Por otra parte, al nivel del sistema nervioso central y del sistema neuromuscular sabemos que el ión calcio juega un papel importante en los fenómenos de excitación y que sus perturbaciones podrían favorecer los estados de excitabilidad que se describen y se califican de espasmofilia, con consecuencias tanto a nivel del corazón y de la circulación como de la respiración, la digestión o la sensibilidad al dolor.

2) En la cortiosterona y el ACTH. Se ha constatado que existen variaciones importantes de secreción de varias hormonas (ACTH, corticoides, calcitonina…). Y recuérdese que en Medicina se sabe que existe una relación directa entre una sintomatología endocrina y la hormona correspondiente.

3) En los niveles de melatonina. Conocida por el público por las virtudes que se la atribuyen, se habla de ella como la “hormona madre” ya que, al regular los ritmos del organismo, controla indirectamente la secreción de otras hormonas. Varios estudios indican que tiene propiedades antioxidantes -combate los radicales libres- y ayuda a inducir el sueño además de proteger contra el envejecimiento. Algunos estudios de laboratorio llegan a relacionar la disminución del nivel de melatonina con el incremento del riesgo de cáncer de mama.

4) En el óxido nítrico. El aumento de óxido nítrico por vía respiratoria hace aumentar el consumo de la melatonina periférica, lo que localmente es neurotóxico. Al nivel del oído interno produce una vasodilatación que se relaciona con mareos y vértigos.

5) En la respuesta del sistema inmunitario. La depresión -demostrada- que los campos electromagnéticos provoca en pollos y ratones hace pensar que toda persona sometida a los mismos puede, consecuentemente, sufrir una depresión del sistema inmune.

6) En la neurogénesis. La disminución de las células del hipocampo -estructura del cerebro implicada en los fenómenos de la memoria- permite explicar el origen de los trastornos de memoria a corto plazo que se observa en los afectados a esos campos y sus problemas de aprendizaje.

7) En los núcleos celulares. La multiplicación de micronúcleos en las células inmunitarias (macrófagos-linfocitos) son una señal de disfunción que conlleva a su muerte o a un desarrollo anárquico.

8 ) En la mortalidad embrionaria. El notable incremento de mortalidad en los embriones de pollo sometidos a la influencia de campos electromagnéticos ha llevado a plantearse seriamente si estos no serán, a su vez, los causantes del aumento de abortos espontáneos habidos entre las mujeres que se encuentran sometidos a ellos.


CÓMO REDUCIR LOS EFECTOS NOCIVOS DE TELÉFONOS MÓVILES, ORDENADORES Y TELEVISORES

Septiembre 26, 2008

Fuente: dsalud.com

¿Cuántas veces ha oído decir que las radiaciones de su televisor, ordenador o teléfono móvil pueden provocar problemas de salud? Pues sepa que aunque las autoridades se niegan a admitir esa posibilidad sobre la que esta revista viene advirtiendo desde hace tiempo son cada vez más los investigadores que afirman lo contrario. Afortunadamente, existen ya dispositivos que, según afirman sus creadores, atenúan los efectos nocivos de esas radiaciones. Se lo contamos.

El peligro de la radiación electromagnética viene siendo sido objeto de polémicos debates en los últimos años. Y sólo el poder de las compañías eléctricas en el mundo explica el hecho de que no se reconozca oficialmente lo que está demostrado: que los campos electromagnéticos de las torres de alta tensión pueden provocar diversas patologías, incluido cáncer. Lo mismo que las antenas de repetición de la telefonía móvil. Y no sólo eso: también hay aparatos domésticos potencialmente peligrosos aunque sus fabricantes nieguen que exista relación directa entre cualquier enfermedad y el uso de teléfonos móviles, televisores, ordenadores y otros pequeños electrodomésticos a pesar de que estudios rigurosos sugieren lo contrario.
No se deje engañar, amigo lector: que determinados campos electromagnéticos afectan negativamente al organismo está suficientemente documentado; por ejemplo, actúan alterando las propiedades físicas de los tejidos. Se sabe que el campo eléctrico actúa disminuyendo la energía interna de los mismos y baja la conductividad -por ejemplo, del sistema nervioso- y que el campo magnético hace justamente lo contrario. Además ambos contribuyen a generar turbulencias en los líquidos conductores como la sangre. Lo demuestran numerosos estudios que intentan contrarrestarse con otros sufragados por la propias compañías eléctricas.
Como numerosos son los síntomas y signos comúnmente descritos por muchos usuarios de telefonía móvil y personas que viven cerca de las antenas repetidoras o estaciones base de telefonía: aumento del nivel de estrés, disminución de la capacidad de trabajo y de la concentración, migrañas, ansiedad, sensación de fatiga crónica, trastornos del sueño, hipertensión arterial, aumento de las crisis en epilépticos, irritabilidad, disminución de la memoria a corto plazo, trastornos de la visión y sensación local de calentamiento, entre otras. En cuanto a las patologías que las microondas pueden provocar son igualmente numerosas, incluido el cáncer.

EFECTOS DE LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS EN LA SALUD
Ya en 1997 salieron a la luz los resultados de un experimento realizado con ratones transgénicos expuestos a determinadas emisiones electromagnéticas en periodos de 30 minutos diarios durante 18 meses. En ese tiempo el 43% de los ratones desarrolló un linfoma mientras que eso sólo ocurrió en un 22% de los ratones no expuestos a ellas. Los autores del estudio -dirigido por el doctor Michael Repacholi
- calificaron de altamente significativo ese aumento en la tasa de incidencia del linfoma añadiendo que era muy improbable que la mayor rapidez en desarrollar cáncer se debiera a la casualidad.
La Comisión Nacional de Protección Radiológica británica, por su parte, informó a mediados del pasado año de que una investigación efectuada sobre 3.000 niños estadounidenses, europeos y neozelandeses había confirmado la sospecha de que las torres eléctricas de alta tensión doblan el riesgo de aparición de leucemia infantil. Aunque luego se curaran en salud añadiendo que el incremento de riesgo es “leve” porque “sólo” afecta a uno de cada 20.000 niños. Y otro estudio publicado en esas mismas fechas -esta vez realizado en la Universidad de Carolina del Norte (EEUU) por el equipo del Dr. David Savitz- concluye que la exposición a campos electromagnéticos afecta a la melanina del cerebro, puede causar depresión y llevar a quienes la sufren, incluso, al suicidio.
Aún más, el Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer -organismo perteneciente a la Organización Mundial de la Salud- reconoció hace escasos meses ¡por fin! que algunos campos electromagnéticos producidos por aparatos domésticos eléctricos y electrónicos pueden ser peligrosos para el hombre. Admitiendo que tanto los campos emitidos por los aparatos domésticos como los cables eléctricos -y, por tanto, las líneas de alta tensión- “podrían ser cancerígenos para el hombre”. De hecho, en la clasificación realizada por el centro los campos magnéticos han pasado de la categoría de sustancias o radiaciones “inclasificables” a la de “probablemente cancerígenos” que se sitúa justo antes de la de “definitivamente cancerígenos”. El centro tiene también previsto pronunciarse sobre el peligro de los teléfonos móviles y de las antenas repetidoras de telefonía móvil ya que está efectuando un estudio epidemiológico sobre ello que se prevé publicar en el 2003.
De hecho, si algunos campos electromagnéticos no son peligrosos, ¿por qué en Estados Unidos la legislación actual prohíbe la construcción de casas nuevas cerca de las líneas eléctricas de alta tensión? ¿Y por qué en España se están enterrando? ¿Por cuestión de “imagen” y de “tranquilizar a la gente aunque el riesgo en realidad no exista” como afirman algunos políticos? Nos toman por tontos.
En suma -y digan lo que digan las autoridades, implicadas porque estarían en el ojo del huracán de las posibles demandas por daños y perjuicios-, lo cierto es que el riesgo de sufrir algún tipo de trastorno es más real de lo que la mayoría imagina ya que nuestro espacio vital está repleto de microondas y distintas ondas electromagnéticas de baja y alta frecuencia de procedencia artificial y cuyas repercusiones en nuestra salud son, cuando menos, una incógnita. Hablamos de líneas de alta tensión, de instalaciones eléctricas domésticas, de electrodomésticos, de equipos informáticos, de emisoras de radio y televisión, de emisoras de radioaficionados o de uso civil (policía, ambulancias, transportistas, etc.), de redes de telefonía móvil, de radares, de satélites de comunicaciones, de mandos a distancia, etc. Y eso que hablamos sólo de las radiaciones artificiales… En suma, un panorama abrumador.

PREVINIENDO EL RIESGO DE LA TELEFONÍA MÓVIL
Que la tecnología que permite el funcionamiento de los teléfonos móviles no resulta completamente inocua y que una exposición prolongada a sus radiaciones electromagnéticas puede llegar a crear serios trastornos es, pues, un hecho incuestionable. Las investigaciones llevadas a cabo por organismos y laboratorios independientes certifican la existencia de un recalentamiento celular en la zona del cerebro cercana a la antena del teléfono, extraños picos de actividad neuronal en zonas normalmente poco activas del cerebro (revelados por encefalogramas), cambios en la presión arterial del mismo mientras se usa el aparato, trastornos del sueño, cefaleas, alteraciones coronarias y pérdida de memoria. Luego, ¿por qué no se advierte a los usuarios de los posibles riesgos a los que se exponen -como sucede con el tabaco- para que al menos moderen su uso? Pues porque se trata de empresas que mueven miles de millones, buena parte de los cuales se invierten en publicidad por lo que muchos medios de comunicación no quieren enfrentarse a ellas.
Sin embargo, son tantas y tales las evidencias presentadas por investigadores privados que determinados organismos oficiales de algunos países no han tenido más remedio que ponerse en marcha. Así, un estudio patrocinado por el Gobierno británico advertía hace poco de que los teléfonos móviles podrían “tener efectos biológicos indeseables en los niños porque su sistema inmune no está aún plenamente desarrollado”. A pesar de lo cual, el Ministerio de Salud británico se ha limitado a aconsejar a la población que no exponga a sus hijos a los teléfonos móviles a menos que sea estrictamente necesario. Y nada más. ¿Alguien lo entiende?

PROTÉJASE DE LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS
En fin, el caso es que ya que no podemos evitar usar muchos de los aparatos que producen efectos como los descritos algunos investigadores se han centrado en crear dispositivos que absorban toda o parte de la radiación y atenúen al menos sus efectos nocivos. Y ya se comercializan en nuestro país al menos dos. Se trata de unos artilugios circulares de unos 3 centímetros de diámetro y casi planos que se pegan, uno al teléfono móvil, el otro a la pantalla del ordenador o del televisor.
Puestos en contacto con sus creadores se nos ha explicado que la clave de la efectividad de estos dispositivos está en el tratamiento que se da a sus componentes en los que, mediante un láser específico, se inducen campos de energía que los convierten en emisores de ondas ultradébiles inocuas para nuestro organismo pero con efecto protector frente a las radiaciones nocivas. Se trata de artilugios construidos en aluminio, algunos rellenos de polvo de cristal de cuarzo y materiales semiconductores que emiten unos campos que disminuyen las reacciones de estrés energético de los usuarios de teléfonos móviles, equipos informáticos y aparatos de televisión afectados por este tipo específico de polución electromagnética. Dispositivos sencillos que no necesitan alimentación ni mantenimiento y que basta colocar en el teléfono, el televisor o en la pantalla del ordenador para que nos protejan de los efectos indeseables de las radiaciones electromagnéticas. Un primer paso sin duda interesante en esta guerra por conservar la salud.


Jorge Carlos Palafox




Han dicho…
“Hoy día no hay nadie que pueda decir que no existe ninguna asociación entre el hecho de vivir cerca de una línea de alta tensión y el incremento del riesgo de leucemia en niños”.
Dra. Jocelyne Leal, directora del Servicio de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.

“No se debe guardar el teléfono móvil en un bolsillo próximo al pecho o en el cinturón cerca del hígado, los riñones, los testículos o la matriz porque la radiación de las microondas puede romper los cromosomas donde quiera que estén”.
Dr. Henry Lai
, de la Universidad de Washington (EEUU)

“Los campos de radiofrecuencia son conocidos por producir calentamiento e inducción de corrientes eléctricas… La exposición de campos de radiofrecuencia, aunque sean demasiado débiles como para provocar calentamiento, pueden tener consecuencias negativas para la salud que incluyen el cáncer”. Informe sobre frecuencias electromagnéticas de la Organización Mundial de la Salud. “El riesgo de tumor cerebral se multiplica casi por 2′5 (en el mismo lado de utilización habitual) en quienes utilizan teléfonos móviles”.
Dr. Lennart Hardell
, oncólogo e investigador en el Centro Médico de Orebro en Suecia.

“Existen evidencias de la relación entre la evolución de ciertos cánceres de la cabeza y el teléfono móvil”.
Dr. John Holt, cirujano y radioterapeuta.

“Existen pruebas de daños en el material genético por la exposición a la radiación generada por los teléfonos móviles”.
Dr. George Carlo
, director de la Investigación sobre la Tecnología Sin Hilos en Estados Unidos.

“Las radiaciones de microondas de origen eléctrico generadas por la telefonía móvil afectan negativamente a la circulación sanguínea cerebral y a la actividad del sistema nervioso”. Fidel Franco, doctor en Física y profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña.

“En el caso de personas que utilizan mucho el teléfono móvil se borra la memoria a corto plazo. Y no se sabe si se trata de daños permanentes o recuperables”.

-Mantenga los teléfonos móviles lejos del cuerpo mientras no los use ya que también estando en estado de reposo generan radiación.


LOS TELÉFONOS MÓVILES SON PELIGROSOS PARA LA SALUD

Septiembre 26, 2008

Fuente: dsalud.com

Por: Mariano Bueno

Los teléfonos móviles son potencialmente peligrosos para la salud. Incluso cuando los llevamos encima conectados aunque no estemos hablando por ellos. Y lo mismo ocurre con las estaciones de telefonía móvil. Los estudios al respecto dejan lugar a pocas dudas. Luego, ¿por qué no se informa a la gente de ello? ¿Por qué se permite que las personas expongan tan alegremente la salud? ¿Cuántas voces han sido silenciadas por este billonario negocio?

¿Le gustaría participar como conejillo de Indias o cobaya en una investigación a escala planetaria sobre los posibles efectos negativos de las microondas en el ser humano? Pues lo tiene fácil. Basta con que se acerque a alguna de las numerosísimas y relucientes tiendas de telefonía móvil y se deje seducir por el más moderno y sofisticado aparatito de comunicación inalámbrica. Es más, en el caso de que ya disponga de teléfono móvil -sobre todo si lleva meses o años usándolo con regularidad-, mucho mejor porque su información resultará aún más valiosa ya que el estudio -coordinado por la Organización Mundial de la Salud- pretende evaluar los posibles daños o alteraciones achacables a la exposición prolongada a las diferentes intensidades y altas frecuencias (del rango de los 900 megahercios en la telefonía móvil).

¿QUÉ SABEMOS DE VERDAD DE LOS DAÑOS?
¿Y qué se sabe respecto de los posibles daños en la salud humana de tales radiaciones? Pues si atendemos a las investigaciones llevadas a cabo por organismos y laboratorios independientes -obviamente, no a las financiadas por las propias compañías con intereses en la telefonía móvil-, la mayoría nos hablan de resultados más bien preocupantes cuando no alarmantes. Porque entre los varios efectos constatados se observa recalentamiento celular en la zona del cerebro cercana a la antena del teléfono móvil, ruptura cromosómica, extraños picos de actividad neuronal en zonas habitualmente poco activas del cerebro (revelados en los encefalogramas), cambios en la presión arterial del cerebro mientras se usa el aparato, trastornos del sueño, cefaleas y alteraciones coronarias.
En realidad, las propias compañías de telefonía móvil y las empresas fabricantes de aparatos son conscientes de los problemas generados por el uso de los teléfonos móviles y también los que provocan la proximidad de las antenas celulares. Otra cosa es que públicamente la mayoría no lo reconozcan.
Algunas sí lo hacen y se están gastando importantes sumas en intentar paliar los efectos nocivos pero les está resultando muy difícil ya que los prototipos de pantallas de protección colocadas entre la antena y la cabeza del usuario, si bien reducen significativamente la radiación recibida, tienen el inconveniente de restringir considerablemente la cobertura del móvil, en ocasiones hasta el extremo de hacerlo inoperativo.

LOS DATOS SON CONCLUYENTES
En investigaciones de laboratorio llevadas a cabo con ratones expuestos a las emisiones intermitentes y periódicas de un teléfono móvil se constataron cambios significativos en los ciclos circadianos (períodos regulares de sueño y vigilia) así como preocupantes mutaciones genéticas potencialmente cancerígenas (ver recuadro).
Con lo que la pregunta que a todos se nos viene a la cabeza al saber esto es: ¿y por qué si se constatan evidencias de efectos negativos o potencialmente negativos -tanto a corto como a largo plazo- de la exposición a las microondas emitidas por los teléfonos móviles no se advierte a los usuarios de los posibles riesgos a los que se exponen (como sucede con el tabaco) para que al menos limiten su uso? O, aún más: ¿por qué no se legisla al respecto para minimizar los daños en la salud pública?
El tema es sumamente complejo y, por desgracia, existen demasiados intereses cruzados. De hecho, uno de los más importantes y significativos estudios -realizado en Australia en 1995- no vio la luz pública hasta 1997 cuando fue publicado por la revista Microwave News.
El experimento, realizado con cien ratones transgénicos especialmente sensibles a los linfomas y que fueron expuestos a radiaciones pulsantes de 900 mhz. en períodos de 30 minutos diarios durante 18 meses, mostró que el 43% desarrolló un linfoma mientras que eso sólo ocurrió en un 22% de los ratones de control, no expuestos a las microondas.
El Dr. Michel Repacholi y sus coautores calificaron de “altamente significativo” este aumento en la tasa de incidencia de linfoma, añadiendo que era muy improbable que la mayor rapidez en desarrollar cáncer se debiera a la casualidad.
Bueno -se preguntará el lector-, ¿y por qué un estudio que no ha podido ser contestado tardó dos años en publicarse habiéndose negado a ello otras revistas científicas de prestigio como Lancet, Nature o Science? Repacholi explica que su estudio fue rechazado por tales revistas alegando que los resultados crearían “pánico” y que preferían esperar a repetir el experimento.
Pero lo más triste de todo, lo verdaderamente lamentable en este terreno, es que -desde entonces- cada vez que se hace público algún informe relativo a los daños que provocan en la salud los teléfonos móviles (o los campos electromagnéticos en general), se ponen en marcha unos singulares y conocidos mecanismos de contrarrestación del impacto social. Es decir, por un lado, las empresas afectadas consiguen -poderoso caballero es Don Dinero- que “prestigiosos expertos” y “científicos de renombre” cuestionen públicamente esas investigaciones y las descalifiquen automáticamente. Paralelamente, logran que los medios de comunicación no se hagan eco de tales noticias o que, cuando aparecen, sea de forma breve y a horas de poca audiencia (en radio y televisión), a veces con comentarios sarcásticos del presentador, o bien en pequeños recuadros escondidos en las páginas menos relevantes de los medios escritos. Ya se sabe: el dinero de la publicidad es sagrado.

SUMERGIDOS EN UN MAR DE RADIACIONES
Es verdad que los seres vivos del planeta Tierra hemos estado a lo largo de toda la evolución expuestos a muy diversas radiaciones electromagnéticas -terrestres, solares o cósmicas- pero no es menos cierto que los niveles de intensidad de determinadas frecuencias se han visto multiplicados por cientos, miles o millones de veces en lo que va de siglo.
Nuestro espacio vital actual está repleto de ondas electromagnéticas de baja y alta frecuencia de procedencia totalmente artificial. Entre las de baja frecuencia, hallamos fuentes tan familiares como las líneas de alta tensión, los transformadores eléctricos, las instalaciones eléctricas domésticas, los electrodomésticos, las maquinarias eléctricas y todos los equipos informáticos -sobre todo, los ordenadores con pantalla de tubo catódico-. Y, entre las ondas de alta frecuencia (HF), tenemos las emisoras de radio y de televisión, las emisoras de radioaficionados o de uso civil -policía, ambulancias, transportistas, transmisión de datos…- y las redes de telefonía móvil, de control de tráfico aéreo -con sus radares- y los cada vez más numerosos satélites de telecomunicaciones, bien meteorológicos, bien militares. A lo que deberemos sumar los mecanismos de mando a distancia por ondas de radio y los sistemas de vigilancia “permanente”.
En suma, un panorama que puede resultar abrumador si investigamos a fondo las implicaciones sobre la salud física, mental e, incluso, emocional o espiritual de la exposición puntual o permanente a tales ondas electromagnéticas.

ESTRATEGIAS DE DISTRACCIÓN
Y aseguramos al lector que no pretendemos ser catastrofistas ni crear falsas alarmas angustiando más aún (si ello es posible) al indefenso ciudadano. Nos limitamos a hacer patentes la apatía y el desdén (cuando no se trata de estrategias bien calculadas) que, por parte de los estamentos públicos y políticos, existe en este ámbito.
Es más, parece que se prefiere correr una cortina de humo y tranquilizar a la gente utilizando eslóganes como los de “no existen suficientes evidencias de tales efectos nocivos sobre la población” y “hay que seguir investigando”. Afirmaciones que se hacen para quitarse al asunto del medio y tranquilizar a la gente porque lo cierto es que luego resulta que tales investigaciones no se hacen ya que se destina poco o nulo presupuesto para ellas.
Como muestra, un botón: cuando el PSOE presentó una proposición no de Ley por la que se instaba al Gobierno a iniciar estudios para comprobar los posibles efectos nocivos producidos por las radiaciones procedentes de las antenas de telefonía móvil, la propuesta fue rechazada por la Comisión de Sanidad del Congreso por 15 votos a favor y 21 en contra alegando que “ahora no hay urgencia especial porque no se ha demostrado determinantemente el riesgo de tales aparatos”. Y lo que sí está claro de verdad es que si no se investiga nunca podrá demostrarse nada en absoluto. La única esperanza por parte del partido en el Gobierno la dan las afirmaciones del diputado popular Federico Souvirón, al declarar que “España adoptará las medidas y aplicará las directrices que puedan resultar de los estudios internacionales”. Aunque reflejen de nuevo aquello de “que investiguen otros”.

EL SILENCIO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
En definitiva, es así cómo -mediante el debate que supuestamente enfrenta a quienes afirman o niegan los peligros para la salud de las radiaciones electromagnéticas de alta frecuencia y, especialmente, del uso de teléfonos móviles y la presencia cercana a la vivienda de antenas celulares- van pasando los años y nadie se atreve a tomar posturas claras en un asunto que mueve billones de pesetas y esconde fuertes intereses comerciales.
Por ello no resulta extraño que el reciente informe presentado en mayo pasado a la opinión pública por la BBC inglesa, que revela efectos cancerígenos por exposición a las radiaciones de microondas de los teléfonos móviles haya sido prácticamente ignorado por la mayoría de los medios de comunicación, enterrándose bajo la avalancha de noticias “primera página” sobre Kosovo, las campañas políticas o los fraudes relevantes. El informe, elaborado por el Dr. Lennart Mardell, oncólogo sueco de renombre, concluye que el riesgo de tumor cerebral se multiplica casi por 2,5 en quienes utilizan teléfonos móviles, razón por lo que aboga por la utilización de aparatos de baja radiación. En el mismo documental de la BBC se menciona un segundo estudio realizado en Estados Unidos (aún no publicado) que revela un aumento significativo del riesgo de desarrollar un tumor cerebral. Pues bien, de ninguno de ambos informes se ha hecho eco casi nadie en España.
Ya en otro documental de la BBC emitido dos años antes -en 1997-, John Holt, cirujano radioterapeuta en Darwin (Australia), afirmaba tener evidencias de la relación entre la evolución de ciertos cánceres situados al nivel de la cabeza y el teléfono móvil, habiendo constatado particularmente en veinte de sus pacientes que el cáncer evolucionaba más rápido -hasta en un 20%- con la cercanía. Células que se recuperaban vitalmente cuando eran alejadas del teléfono móvil. Evolución más rápida que tenía que deberse necesariamente -según John Holt- al calentamiento de las células por las microondas de los portátiles.
Claro que llueve sobre mojado. Porque, ¿alguien se enteró o recuerda la noticia del Washington Post del 25 de Junio de 1998 sobre los peligros de las torres de telefonía móvil? Pues textualmente decía: “Según fuentes científicas independientes, los EMF’s emitidos por las típicas torres de telefonía móvil que nos rodean cada vez más, tanto en las ciudades como en el medio rural, deberían ser consideradas como posible “cancerígeno humano”, por lo que tanto las instituciones como las empresas deberían tomar medidas.”
“Los veintiocho miembros del Comité Internacional reunidos en el Instituto Nacional para el Desarrollo de la Salud y la Ciencia, con sede en Minneápolis hicieron una votación en la cual 19 de los votos fueron a favor de que son posibles “cancerígenos humanos”, 8 no encontraron clasificación y sólo uno de los votantes dijo que los EMF’s no eran causantes de cáncer en los humanos.”
Vistas las muchas evidencias sobre los riesgos potenciales del uso de teléfonos móviles se impone la máxima prudencia a la hora de hacer uso de ellos, limitándolos a las circunstancias en que resulten imprescindibles y, a ser posible, utilizando los sets de manos libres, compuestos de un cable provisto de micrófono y audífono que permiten alejar de la cabeza el teléfono móvil y la dañina antena emisora.
Las recomendaciones “pseudocientíficas” que aconsejan usar el teléfono móvil en posición diagonal con respecto al eje de la cabeza no resuelven el problema pues, aunque reducen ligeramente la dosis de radiación recibida por el cerebro, estas dosis siguen siendo considerablemente altas y potencialmente perjudiciales.

TAMBIÉN LAS TORRES DE TELEFONÍA MÓVIL SON PELIGROSAS

También existen claros indicios de que las radiaciones emitidas no ya por los teléfonos móviles sino por las estaciones de telefonía móvil son altamente perjudiciales para la salud. Se trata de radiaciones de alta frecuencia, del rango de las microondas, que emiten información pulsante modulada a baja frecuencia que -como se ha demostrado experimentalmente y sin lugar a dudas- interfiere en los principales procesos metabólicos de los seres vivos.
Según el investigador alemán Wulf-Dietrich Rose, que dirige el IGEF -Sociedad Internacional para la Investigación de la Contaminación Electromagnética-, del total de la población sometida a radiaciones de alta frecuencia un tercio sufre severos trastornos de salud, otro tercio padece problemas de carácter leve y el último tercio no se ve afectado.
El riesgo depende de la distancia a la que viva la persona de la instalación, de la potencia de la emisora y de la orientación de la antena y, en menor medida, de sus condiciones físicas y edad, ya que es mayor para las personas enfermas del corazón y de más edad.
Las microondas emitidas por las antenas de telefonía móvil tienen un débil poder de penetración a través de los muros y las paredes de las viviendas; en cambio, penetran con facilidad a través de puertas y ventanas siendo el vidrio muy permeable a tales radiaciones. Para minimizar sus efectos y proteger de microondas las viviendas cercanas a las antenas celulares en Alemania se fabrican y comercializan filtros a base de láminas plásticas transparentes que se pegan a los cristales de las ventanas y también telas especiales, con entramados de fibras metalizadas (plata o acero inoxidable) que pueden colocarse a modo de cortinas.
Bienvenidas sean, en fin, las nuevas investigaciones que se están llevando a cabo y ojalá la O.M.S. haga públicos en breve los resultados de su macroinvestigación para saber a qué atenernos. De momento, la mejor actitud es la de prevención, evitando inútiles riesgos potenciales y procurando hacer lo posible para que no nos instalen cerca de casa o en la azotea una de las muchas antenas zonales de telefonía móvil que, como setas en otoño, están poblando nuestras ciudades, pueblos y carreteras.