(Artículo de Julius Evola, Roma, 1 de mayo de 1956.)
Un historiador francés ha observado que mientras hoy se reconoce ya que las enfermedades del organismo humano no nacen solas, sino que se deben a agentes invisibles, a microbios y a bacterias, en lo referente a las enfermedades de esos más grandes organismos que son las sociedades y los Estados, enfermedades correspondientes a las grandes crisis históricas y a las revoluciones, se piensa que allí en cambio las cosas sucedan de otra manera, es decir que se trataría de fenómenos espontáneos o debidos a simples circunstancias exteriores, mientras que en las mismas pueden haber actuado con gran vigor un conjunto de fuerzas invisibles similares a los microbios en las enfermedades humanas.
Se ha escrito mucho respecto de la Revolución Francesa y sobre la causa que la originó; habitualmente suele reconocerse el papel que, por lo menos como preparación intelectual, han tenido ciertas sociedades secretas y especialmente la de los denominados Iluminados. Una tesis específica y más avanzada es aquella que a tal respecto sostiene que la Revolución Francesa haya representado una venganza de los Templarios. Ya en un período sumamente cercano a aquella revolución se había asomado una idea semejante. Seguidamente De Guaita habría de retomarla y profundizarla. Sigue leyendo








