Biden: El lobby judío le puso un vicepresidente a Obama

Perfil de un sionista confeso

Joe Biden, de 65 años, llegó al Congreso con sólo 30 años, lo que le convirtió en el quinto senador más joven de la historia de EEUU.

El candidato demócrata Barack Obama en compañía del senador Joseph Biden.

Luego de que su candidata favorita electoral Hillary Clinton entrara en desgracia electoral, el lobby judío “liberal” (léase los grupos financieros sionistas que controlan la Reserva Federal, y mantienen una influencia gravitante sobre el Congreso de EEUU y la Casa Blanca) decidió potenciar a Obama con generosos flujos de dinero para su campaña y una cobertura de gran proyección en las principales cadenas mediáticas de EEUU y de Europa, también bajo su control. Todo fue bien salvo dos cosas: Obama no encuentra un perfil claro para diferenciarse en su discurso de su parecido simbiótico con el decadente MacCain, el candidato republicano (impulsado por el lobby judío conservador que hoy controla la Casa Blanca) y sus asesores no saben como contrarrestar su imagen de “debilidad e inexperiencia” en política exterior.

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En consecuencia, eliminada Hillary (por perdedora), los estrategas del lobby salieron a buscar a un “alma gemela” de Obama para que lo salve de su Talón de Aquiles cada día más acentuado: Temblequeos verbales y total desconocimiento del manejo de la política exterior norteamericana, el corazón estratégico de las andanzas depredadoras del Imperio por el planeta.

El lobby le tolera todo: Que sea un “blanquinegro” (mitad negro, mitad blanco) advenedizo con raíces “musulmanas” y con solamente un “curso acelerado” de oportunismo electoral en su breve paso como senador, que tenga a un pastor de cabecera “antiblanco” y admirador de los panteras negras, que tenga una mujer negra que también cuestiona el poder blanco, etc, pero el lobby no puede tolerar (ni admitir) a un candidato presidencial que no sepa conducir la “guerra contraterrorista” y poner en caja  a los “Estados bandidos” con Irán a la cabeza.

En una palabra, al lobby le venía haciendo falta una reencarnación de Cheney para ponerlo al lado de Obama como vicepresidente, o sea, como el verdadero “poder en las sombras”.

En resumen, se necesitaba un sionista de alto vuelo con experiencia acreditada en política exterior (léase depredación imperial-militar-capitalista a escala planetaria) y apareció la “persona indicada” desde el más alto nivel del sionismo parlamentario: Joseph Biden.

Biden no es judío,  pero es practicante devoto a tiempo completo de la religión sionista, a tal grado, que empalidece a otros militantes originarios de la causa pro-israelí en el aparato de poder norteamericano.

Biden, quien preside por segunda vez el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EEUU, es un miembro “liberal” de la poderosa derecha catolica aliada del lobby sionista que (en su vertiente conservadora y liberal) controla Wall Street, los bancos de la Reserva Federal y el Complejo Militar-Industrial.

Esto lleva a que el lobby (con sus corporaciones y bancos) se convierta en directo beneficiario de las políticas de conquista de mercados (por vía militar o “democrática”) de la Casa Blanca.

Esto nos remite a una primera conclusión probada en forma histórica y estadística: En EEUU, la potencia locomotora del capitalismo sionista a escala global, no gobiernan los presidentes o los partidos, sino la élite económica-financiera (el poder real) que controla la Reserva Federal, el Tesoro, Wall Street, el Complejo Militar Industrial y Silicon Valley.

Y hay una segunda conclusión también probada en forma histórica y estadística: La política exterior y la política interna de EEUU (los niveles de decisión) no la dirigen los presidentes ni los partidos sino el establishment económico-financiero que controla la Casa Blanca y el Congreso a través de sus “lobbyes” y operadores que actúan sobre los partidos, los legisladores, los funcionarios y condicionan las decisiones presidenciales.

Y el lobby “motor de todos los lobbyes”, es el lobby sionista manejado desde la AIPAC y el Consejo Judío Mundial.

Barack Obama durante una conferencia en la AIPAC.

Allí militan tanto MacCain como Obama, que tuvo que hacer un curso acelerado de “convicción sionista” jurando de apuro fidelidad a Israel en Tel Aviv y el  foro de la AIPAC.

Demócratas (lobby sionista liberal)  y republicanos (lobby sionista conservador) se turnan en la administración del Imperio: Cuando asumen la presidencia los republicanos (como ahora), los demócratas juegan de “oposición crítica”, y viceversa, sin que varíen para nada las matrices funcionales del sistema capitalista estadounidense basamentado en la conquista imperial de mercados y de recursos estratégicos, ya sea por la vía militar (invasiones) o por la vía “democrática” (gobiernos sometidos).

Tomemos dos ejemplos “alternativos” inmediatos: El “malo” Bush (republicano) invadió y conquistó Irak y Afganistán, y el “bueno” Clinton (demócrata) su predecesor, bombardeó y conquistó Yugoslavia (hoy Serbia) y ejecutó los primeros bombardeos contra Irak, preparatorios de la invasión posterior.

Terminada las luces artificiales de la campaña electoral, demócratas y republicanos dejan de agredirse y se complementan en un diseño de política estratégica de Estado en defensa de los intereses de las grandes corporaciones económicas que marcan el accionar de las políticas internas y de la conquista de mercados encubierta en las “guerras preventivas” contra el “terrorismo”.

En la falsa guerra electoral MacCain-Obama permanecen las mismas raíces funcionales: El que gane “administrará” el Imperio para los intereses del lobby sionista que controla los resortes estratégicos de la primera potencia imperial-capitalista de la Tierra.

Y Joseph Biden, un líder parlamentario del sionismo liberal está para cumplir dos misiones si los demócratas ganan la presidencia en noviembre: Controlar a Obama y mantener la política exterior norteamericana al servicio de los grandes bancos y corporaciones del lobby.

Perfil de un sionista confeso

Joe Biden, de 65 años, llegó al Congreso con sólo 30 años, lo que le convirtió en el quinto senador más joven de la historia de EEUU.

Más tarde sería reelegido fácilmente en cinco oportunidades consecutivas en 1978, 1984, 1990, 1996 y 2002.

Barack Obama y Joseph Biden.

Como presidente del poderoso Comité de Relaciones Exteriores del Senado, ejerció entre 2001 y 2003, y de nuevo a partir de enero de 2007 cuando los demócratas retomaron el control del Senado.

Desde ese puesto estratégico, Biden fue un puntal de las operaciones internacionales del lobby sionista: El bombardeo y conquista de la ex Yugoslavia (hoy Serbia),  Kosovo y la conquista de Los Balcanes, el apoderamiento de las repúblicas soviéticas (Georgia, Ucrania, etc), las invasiones a Irak y Afganistán, y la “guerra contraterrorista” utilizada como argumento para invadir países, lo tuvieron al hoy candidato a vicepresidente como un protagonista fundamental.

Durante el conflicto de los Balcanes (como enviado del Senado)  hizo varios viajes a la región y su consejo fue fundamental a la hora de convencer al presidente Bill Clinton de utilizar la fuerza militar para derrocar a Slobodan Milosevic, una barrera para la conquista sionista de los mercados de la Europa del Este post-soviética.

Como corresponde, y tras los “atentados terroristas” del 11 de septiembre de 2001, se plegó a la “guerra contraterrorista” de George W. Bush y el lobby de los sionistas neocon liderado por Cheney, operando desde el Senado la invasión a Afganistán y la conquista militar de Irak con la eliminación de Saddam Hussein, la principal piedra en el camino para el lobby sionista en Medio Oriente.

En octubre de 2002 impulsó la votación de los demócratas a favor de la resolución que autorizaba la administración Bush a utilizar la fuerza contra Irak. Su apoyo fue crucial y determinante al tratarse del presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

En el año 2007 el Senador Biden, en colaboración con el presidente del Council on Foreign Relations (una supra entidad sionista internacional) , Leslie Gelb, propuso un plan de partición de Irak inspirado en las tesis sionistas de remodelación y control del Medio Oriente.

La idea de que Israel debería dividir (divide y reinarás) en pequeñas unidades a todos los Estados árabes se encuentra una y otra vez en el pensamiento histórico-estratégico israelí.

Ze’ev Schiff, el corresponsal militar del diario israelí Ha’aretz (y un experto en el tema) dio como ejemplo de lo mejor que le podría suceder a Israel: “La disolución de Irak en un estado chií, un estado sunní y la separación de la zona kurda”.

En esa esencia abreva el plan de partición de Irak presentado por Biden, el que, si Obama gana la presidencia en noviembre, está destinado claramente a convertirse en la “reencarnación de Cheney” en versión liberal.

El año pasado, el Senador Biden, entrevistado por la cadena de TV Shalom, una importante red judía de televisión por cable en EEUU, llamó a Israel “la mayor y única fortaleza de EEUU en Oriente Medio”.

“Soy sionista”, confesó el senador Biden. “No necesitas ser judío para ser sionista”.

Obama está en buenas manos.



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